Querer y no poder

investigador

A pesar de que no solía ser una actividad de su agrado, sabía que no podía dejar de hacerlo: era una de las asignaturas que entraban en su plan de estudios para poder convertirse en investigador privado. Así pues, se puso a observar todo lo que tenía alrededor, tomando notas. Se puso manos a la obra.

Tras haber revisado las notas que había tomado ese primer día, empezó a pensar en cómo resolver las dudas que tenía sobre el comportamiento que había observado. ¿Quiénes eran esas personas? ¿Por qué entraban y salían? Días después, tras haber descansado, y saber que estuvo un poco despistado ese primer día, por algún motivo se le olvidó fijarse y anotar el nombre del local en el que solamente había un rótulo que decía “Restaurante”.

La consecuencia de todo esto es que, cada vez más, me parece que no servía para investigador, pues necesitaría ser mucho más observador y, especialmente, más fiel a la hora de tomar notas y seguir todos los pasos necesarios para hacer un buen trabajo.

Marisol Bartoll

 

Anuncios

La bondad

poli

No era tarde. Por lo menos, para alguien como él, que acostumbraba a trabajar hasta muy tarde y dejarlo todo listo para empezar de nuevo la tarea al día siguiente. Todo debía estar limpio, en su sitio, las cuentas claras y su mente lista para dormir y poder descansar. No obstante, mientras subía las escaleras de aquella casa, convertida ahora en una pequeña tasca, algo le sobresaltó.

Ver que la puerta estaba abierta le inquietó, y sintió miedo: un miedo que le dio fuerzas para volver a bajar y, sin hacer ruido, intentar ver qué ocurría. Primero pensó en su mujer y en su pequeño hijo de cinco meses. A renglón seguido, y mucho más tenso, empezó a pensar que era lo primero que debía hacer.

Entre las sombras se podía adivinar una persona, solamente una, que se movía de un lado a otro, escudriñando lo que podía, sirviéndose tan sólo de una pequeña linterna. No llevaba nada más en las manos y, por sus movimientos, aparentaba ser alguien joven. Con el móvil en la mano decidió actuar, y llamó pidiendo ayuda.

La Policía, al llegar allí, encontró a un joven de unos 30 años, desarmado, y buscando comida para poder alimentar a sus dos hijos pequeños. Su mujer lo esperaba con los hijos, escondida y temblorosa, detrás de la puerta.

El dueño del local no puso ninguna denuncia; al contrario, hizo lo que tenía que hacer: darle trabajo en su pequeño local y ayudar así a una familia que no tenía nada.

Encarna Pitarch

El atraco

robo

No era tarde. Por lo menos, para alguien como él, que acostumbraba a volver cada día a casa bien entrada la noche ya que, una vez terminada su jornada de trabajo, acudía a una escuela de baile. Bajó del coche, subió la escalinata hasta el porche y se detuvo al observar que había algo que no era habitual.

Ver que la puerta estaba abierta le inquietó. La preocupación y el miedo se apoderaron de su cerebro. Por otro lado sentía la curiosidad de saber qué pasaba. Miraba a través del vidrio de la puerta y notaba que algo dentro se movía dentro. Había poca luz.

Entre las sombras se podía adivinar una figura de mujer, que pensó que era la de su madre, y la de un hombre alto que la zarandeaba y gritaba sin cesar, pidiéndole las joyas y el dinero. Sin pensarlo más, llamó a la Policía, y entró rápidamente para protegerla.

La Policía, al llegar allí, encontró todo desordenado, muebles rotos y, al fondo del salón, dos cuerpos inconscientes. Eran la madre y el hijo: ambos había recibido una brutal paliza. No había rastro de joyas, ni de dinero. La Policía se preguntó quién podría haber hecho algo tan contundente por un robo.

José Luis Caballero

La mascota perdida

perro_gigante

No era tarde. Por lo menos, para alguien como él, que acostumbraba a pasear al atardecer por las calles de su ciudad. Disfrutaba del paseo cuando algo llamó su atención. Era en casa de su amigo. Se acercó para echar un vistazo con más atención.

Ver que la puerta estaba abierta le inquietó porque conocía muy bien a la persona que allí vivía y sabía que era muy meticulosos con todo lo relacionado con su seguridad, por lo que aquello no tenía pinta de ser un simple despiste. Entre las sombras se podían adivinar unas figuras siniestras, que se movían entre la vegetación que rodeaba la casa. Alertado ante lo que podía ser un robo llamó al 091.

La Policía, al llegar allí, encontró a un grupo de personas que ayudaban a mi amigo a buscar a su mascota, que había salido a pasear y no volvía.

Puri Cañas

Sal o salitre

1434115846_734969_1434120569_noticia_normal

Habían salido a caminar como tantas veces por la orilla del mar, pues el tiempo invitaba al paseo; sin embargo, ambos iban callados, sin tocarse ni mirarse; sin decir nada. De pronto sus manos se rozaron. Sin querer se miraron y los dos a la vez dijeron ¡qué olor a mar! Él pregunto:

– “Cuando has dicho que huele a mar, ¿cómo huele el mar para ti?”

– “Huele a sal, a peces, arena mojada, a muerte, a vida, a melancolía, a recuerdos a reproches: sencillamente podría seguir diciendo más cosas sobre a lo que me huele el mar. Y para ti, ¿a qué huele?”

– “Además de todo lo que tú has dicho, me huele a soledad y muerte.”

Cuántas veces habían respirado hondo mirando al fondo, cuántas veces tumbados en la playa les habían llegado las ráfagas de viento, cuántas veces se habían relajado juntos, cuántas veces habían reído. Cuántas veces, simplemente, habían sido felices.

Qué sensaciones tan diferentes habían vivido en cada estación del año: invierno, con su frio y su soledad, pero con el sentimiento de poseer el mundo a los pies; la primavera, con pequeños rayos de sol que invitaban a quitarse los zapatos y rozar apenas el agua, corriendo casi al instante a calzarse de nuevo; el verano, cuando todo el mundo parece que viva en el propio mar, con el ruido de niños y las risas de adultos, como una explosión de fiesta; y, de repente, llega el otoño y las primeras lluvias que cubren la arena mojada y hacen que todos los sentidos olfativos vuelvan a cambiar. ¿Qué era lo que estaba ocurriendo para que, con todos esos sentimientos que habían descubierto y disfrutado siempre, ahora parecía alejarlos?

Ella dijo, rompiendo el silencio que se había creado:

– “Me han contado que no todos los mares huelen igual. Me gustaría visitar o conocer diferentes tipos de mar para comprobar qué hay de verdad en eso que me han dicho.”

La repuesta que él le dio no era la que ella esperaba. Su respuesta fue técnica. Que si toda el agua salada no huele igual, que si el olor puede variar según la hora, que si los corales también tienen algo que ver para protegerse de la temperatura del agua, que si hay un compuesto químico que cumple una función defensiva y protectora, etc. Y siguió durante más de media hora hablando. Ella hacía ya mucho rato que, a pesar de estar oyéndole, desde luego ya no escuchaba nada. Ella esperaba, como había pasado muchas veces, que ambos planeasen cosas en común y entre ellas el ir a conocer otros mares.

Han pasado unos años desde aquella tarde, cada uno ahora camina por su lado, no se ha producido la casualidad de encontrarse de nuevo. Pero hoy hace una tarde similar a aquella, y ella pasea por un mar diferente al de hace algunos años y, es cierto, huele diferente. De repente, la figura que ve a lo lejos le es familiar.

¿Será él que ha decidido conocer nuevos mares? Al tiempo que la distancia se acorta va comprobando que es él, y va pensando lo que van a decirse después de tanto tiempo. Él también la ha reconocido, y piensa ¿qué le voy a decir? Será una pregunta banal, con una repuesta no del todo sincera.

– “Hola, ¿qué tal?”

– “Bien, ¿y tú?”

– “Bien también.”

El sonríe, ¿comprobando el olor del mar? y, casi al instante, se responde a sí mismo. Era cierto, los olores son diferentes. Ella, siguiendo el hilo de la conversación y sonriéndole, le dice,

– “Sí, son diferentes.”

Al cabo de tantos años le hace la misma pregunta, ¿a qué huele el mar? Con una pequeña mueca de desencanto dijo:

– “Ya no suelo reconocer demasiado los olores: ahora parece que todos me huelen a soledad. Y a ti, ¿a qué huele tu mar?”

Y él, con una mueca similar, responde:

– “Como ya te dije, me olía a soledad y muerte; sin embargo, hace unos minutos, su olor ha cambiado y me huele a esperanza. Podríamos caminar juntos de nuevo. Incluso, si te cojo la mano, quizás puedas volver a percibir todos aquellos olores que en un tiempo nos hicieron felices a los dos.”

– “Lo siento: el olor que antaño percibí ya no existe. Mi olor a sal se ha convertido en salitre.”

Verónica Cons

Hasta pronto

 

anden

El tren se había alejado lentamente, y allí estaba yo: mi hermano se iba. Me sentía apesadumbrado. Hacía fría aquella mañana y, con las prisas, no me había abrigado. Sólo tenía en la mente que ese día, y a partir de ese mismo momento, me iba a quedar muy solo. Eso me llenaba de emoción.

Eran muchos recuerdos los que se alejaban. Todo en mi cabeza daba vueltas. Recordaba los momentos que habíamos pasado juntos desde la infancia. Antonio, mi hermano mayor, fue la persona que, desde niño, había cuidado de mí, y ahora se marchaba. Y quizás para siempre.

Entonces el tren desapareció por completo. La estación quedó en silencio, vacía: los abrazos de despedida habían terminado. En mi garganta apareció un nudo que no me dejaba respirar. Estaba muy triste y solamente quería volver a casa para hartarme de llorar.

Sin embargo, un nuevo tren llegó pocos minutos más tarde. Entre sollozos me dirigía a la salida cuando, de repente y gracias a su fuerte pitido, una gran bocanada de aire fresco inundó mi organismo. Entendí que aquel día no era el fin: no acababa nada. Supe por fin que mi hermano había partido a un sitio lejano, pero quizás yo también pudiera hacerlo algún día, dentro de un tiempo, y así podría reunirme con él de nuevo.

Cristobal Racero

Un OVNI viene a verme

OVNI

Cuando por fin llegó a casa respiró tranquilo. Estaba sudado y el corazón se le salía por la boca. Empezó a contarle a Ana lo que le acababa de ocurrir. La cara de incredulidad de su esposa le provocó cierta angustia. Sabía que era una historia difícil de creer. Ana amenazó con ingresarlo en un psiquiátrico si continuaba empeñado en mantener en pie semejante relato.

No sabía qué decir. Estaba malhumorado, pero entendía la postura de ella. Si había algo que su esposa admiraba de él era su cordura y coherencia, y por un momento parecía que la había perdido.

Afortunadamente, varios días más tarde, la noticia salió a la luz. Un OVNI había estado persiguiendo a un hombre que se dirigía a su casa. Había testigos que lo confirmaban. Además el hombrecillo verde que pilotaba la nave había tenido a bien ofrecer una rueda de prensa.

Carmen Martos

Menuda broma

80332f3eb73df525353a613de1ff8bb3_papel-de-parede-meme-pensativo-cloudpix-pensativo-meme_450-281

Cuando por fin llegó a casa, se encontró a su mujer muy nerviosa y pensativa. Habían llamado por teléfono, para decirles que les había correspondido un premio muy cuantioso. La cara de incredulidad de su esposa le provocó cierta sorpresa ante lo que estaba escuchando. Así y todo, pensó que podía ser cierto.

No sabía qué decir. Estaba malhumorado, pero entendió que deberían esperar unos días para comprobar si lo que estaba sucediendo era cierto, y ver en qué medida podría afectar sus vidas.

Afortunadamente, varios días más tarde, pudo comprobar que todo había sido una broma que habían querido gastarle unos amigos, para comprobar la reacción ante lo que habían escuchado.

Conchín Cubertorer

La intención no basta

mejores-palas-de-padel-baratas

A pesar de que no solía ser una actividad de su agrado, aquel día decidió inscribirse a un cursillo de iniciación al pádel. Tras haber revisado las notas que había tomado sobre el reglamento del juego, y las diferentes formas de “atacar” la pelota, comenzó a practicar contra la pared de una casa abandonada, comprobando que podía iniciarse en esta actividad.

Días después, tras haber descansado, y saber que el resto de alumnos del cursillo asimilaban mejor que él las indicaciones del monitor, pensó que el pádel no era la mejor actividad que podría haber elegido.

La consecuencia de todo esto es que, cada vez más, y al igual que le había sucedido a él, muchas personas creen que pueden realizar una actividad determinada, en este caso deportiva, sólo por el mero hecho de verla por la televisión. Creen que adquiriendo un buen equipaje y material deportivo será suficiente para llegar a ser un experto en dicha actividad.

José Daniel Pedra

¡Caray con la escritura!

extensiones-chrome-escribir-sin-conexion

A pesar de que no solía ser una actividad de su agrado, entendió que tenía que escribir sobre algo, por lo que empezó a tomar notas en su libreta. Hablaría sobre lo poco que amaba escribir y lo duro que se le hacía. Tras haber revisado las notas que había tomado, se dió cuenta de que se estaba liando.

Días después, tras haber descansado, y saber que lo mejor que podía hacer era dedicarse a cualquier otra cosa, fue capaz de completar el texto que le habían solicitado. La consecuencia de todo esto es que, cada vez más, se dió cuenta de lo mucho que le encantaba leer, pero lo poco que le gustaba escribir.

Antonio Blanch