Tarde, muy tarde

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Cuando por fin llegó a casa, tarde, por tener un problema (una avería en el coche), se sintió mal. La cara de incredulidad de su esposa le provocó cierta incertidumbre, pues era evidente que no creía una sola palabra de lo que les estaba explicando. Ella era muy suspicaz, y siempre creía que la estaba engañando.

No sabía qué decir. Estaba malhumorado, pero un poco más tarde, cuando lo explicó todo con detalle, su mujer pareció suavizarse, hablando con él con otro tono, con otra dulzura. Parece que finalmente sí entendía el mal rato que había pasado en la carretera que le llevaba a casa.

Afortunadamente, varios días más tarde, todo pasó, sabiendo que era todo cierto. No sólo porque confiaba en él; también porque recibió el resguardo del pago de la grúa.

Dolores Mezquita

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¡Vaya un regalo!

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Cuando por fin llegó a casa, descansó. Había tenido un mal día. Se deshizo de todo lo que llevaba encima: las llaves, el portátil, unas bolsas de plástico e incluso de la ropa. Se puso su batín y se sentó frente a la televisión. Miró el reloj: ya no faltaba mucho. Esperaba a su esposa para darle el regalo de cumpleaños. En cuanto oyó la puerta se presentó delante de ella con el paquete.

La cara de incredulidad de su esposa le provocó cierta gracia. No obstante, en realidad no tenía ganas de reír. Esperaba impaciente que ella abriera la caja y ver su reacción. Quizás este año lo acertaría.

No sabía qué decir. Estaba malhumorado, pero no quería estropear el día. De repente vio cómo su esposa se ponía roja: empezaba a estornudar y le vino a la cabeza la alergia que ésta tenía a los gatos.

Afortunadamente, varios días más tarde, su esposa se recuperó, tras regalar el gato a sus vecinos.

Mª Lidón Mira

El caimán

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Cuando por fin llegó a casa, con el pequeño caimán dentro de una jaula, se sintió feliz. Lo llevaba en sus manos. Había rescatado al animal de las garras de unos chiquillos que jugaban con él, maltratándolo.

La cara de incredulidad de su esposa le provocó cierta inquietud. ¿No le gustaba acaso la compañía de este precioso y exótico animal? Quizás tuviera miedo. O tal vez estuviera celosa de que llegara a quererlo y atender más de lo que hacía con ella.

No sabía qué decir. Estaba malhumorado, pero se dirigió, con el animal en sus manos, al baño, y se dispuso a llenar la bañera. Una vez llena acercó la jaula al agua y abrió la portezuela, saliendo el pequeño animal feliz, camino del líquido elemento.

Afortunadamente, varios días más tarde, y al volver a casa, vio a su esposa riendo a carcajadas en el baño, en compañía de su hijo. Se había metido en la bañera con el animal, jugando con él ruidosamente. A partir de ese momento, el bicho pasó a ser un miembro más de la familia.

Salud Abellán

La penúltima

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Cuando por fin llegó a casa, tras una jornada agotadora, buscó en su bolsillo derecho las llaves de la puerta. Sorprendido al no encontrarlas, rebuscó, dando la vuelta a todos los bolsillos y posibles lugares donde pudiesen estar. Tras asumir que no las llevaba encima, llamó desesperadamente a la puerta.

La cara de incredulidad de su esposa le provocó cierta irritabilidad, si bien ella nunca hubiese esperado encontrar a su marido detrás de aquella apremiante llamada. Repuesta de su sorpresa inicial le preguntó por qué no había abierto con sus llaves, como era habitual en él.

No sabía qué decir. Estaba malhumorado pero, después de unos instantes, y ya repuesto de la desagradable sorpresa, le aclaró el motivo, dándose también cuenta que, además de las llaves, tampoco tenía la cartera, donde llevaba su documentación y dinero. Aquello hizo que se descompusiera nuevamente.

Afortunadamente, varios días más tarde, recibió una llamada de la oficina de objetos perdidos, comunicándole que allí estaba su cartera con la documentación y unas llaves. Nunca llegó a saber en qué bar los dejó olvidados, en su larga peregrinación antes de llegar a casa.

Manel Huertas

El despido

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Cuando por fin llegó a casa tenía que comunicar una mala noticia a su familia. No sabía cómo.

Llegó cabizbajo, empapado en agua (llovía a cántaros). Aun así, le producía cierta satisfacción esta experiencia, especialmente tras su pésimo estado de ánimo. Tras secarse la cabeza con una toalla dijo, de repente, a su esposa que le habían despedido.

La cara de incredulidad de ella le provocó cierta inquietud, cierto grado de incomprensión. Las dudas surgían. “¿Cómo fue?, ¿Ha quebrado finalmente la empresa? En la prensa decían que con las aportaciones podría salir adelante, que la firma resurgiría…”

No sabía qué decir. Estaba malhumorado, pero se abrazó a ella, desconsolado. Se preguntaban los dos qué sería ahora de la casa, con la hipoteca aun por pagar. ¿Y los niños? ¿Cómo saldrían adelante?

Afortunadamente, varios días más tarde, Juan se puso a buscar trabajo. Era administrativo. Compró el periódico día tras día durante una breve temporada, hasta que vio un anuncio en el que se buscaba a una persona con  sus características. Tras preparar un currículum actualizado lo mandó por correo y, a los pocos días, le invitaron a tomar parte en una entrevista.

Fue un éxito. Juan consiguió un nuevo trabajo. Encontró una nueva ilusión.

Mª Carmen Donoso.