La colada

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Hay quien las quema con ánimo aguerrido, como en un acto heroico. Claro, eso sí, si son las del enemigo: si es la propia, se envuelven en ella para inmunizarse de todo mal; es más, se inmolarían por ella, por ser lo más sagrado y consiguientemente se le rinde pleitesía; aunque su última vocación puede ser la de cubrir un féretro.

Las hay de todos los colores y formas y se inventan para vestir una idea o una conveniencia. La combinación de colores, su disposición y forma, pueden hacer de ellas un símbolo personalizado, a medida.

Pueden representar de todo, nunca a todos: altas instituciones, ideologías, deportes, grupos corporativos, opciones sexuales, la rendición o la victoria, la legalidad o su ausencia; pueden ser oficiales u oficiosas, e igualmente, se convierten en fetiches, tatuajes, tirantes, pulseras, prendas de vestir… pero en todo caso son un símbolo.

Un símbolo por el que se mata y se muere, que nos une o nos desune, pero todas ellas, sin excepción, están hechas de la misma materia: un trozo de tela, un escueto y miserable trozo de tela que puede estar fabricado en cualquier país, para el que nada representa, y que solo pretende vender un trozo de tela, coloreado a gusto del cliente, y así poder darle un mayor valor añadido.

¡Cuánto horror y cuánta miseria! !Cuánto símbolo del poder o del contrapoder! Siempre ocultan algo, como todo símbolo, y como tal instrumentalizan a sus seguidores…”Quien sabe utilizar una bandera subyuga a su pueblo”.

Reflexiono sobre estos pensamientos. Mientras, la proa de mi coche, sigue a otro con la consiguiente bandera nacional y la obligatoria europea.

¿Dónde existe un país sin bandera? ¿Podríamos elegir ser sus ciudadanos?… Quizá lo mejor sería nacer en un barco sin ella, que es lo mismo que ser de un lugar pirata; sería la única opción revelde. Sí, con uve, que es la única forma congruente de escribir esa palabra.

En definitiva son símbolos que, por sí solos, nada significan y nos los tienen que ilustrar en las escuelas. No sirve la intuición para descubrirlos: su conciencia es adquirida de forma sesgada por quien nos los explica.

Llego al hotel de mi destino. Después de una reconfortante ducha, salgo al balcón a contemplar el crepúsculo del atardecer, rosado y trasparente y que nos hace intuir una perdida, con su sentido melancólico. Pero en este caso no basta un trozo de tela coloreado ni la explicación razonada, hay que hacer girar el mundo para que se produzca la mágica comprensión. Solamente.

Enciendo un cigarrillo. En la terraza de un edificio cercano, el resultado de una colada, espera secarse. La brisa del atardecer agita las sábanas, que quieren jugar a ser banderas… quizá las únicas banderas que deberían existir… las de los sueños.

Manuel Cañadas

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2 respuestas a “La colada

  1. elena balado 27 febrero, 2018 / 2:45 pm

    Yo me quedo con la Colada…… esas “blancas” deberían ser las banderas de todo el mundo. Me ha gustado, y hecho pensar, tu texto. Gracias Manuel.

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  2. María del Mar 1 marzo, 2018 / 10:27 pm

    “Están así hasta hoy nuestras banderas.
    El pueblo las bordó con su ternura,
    cosió los trapos con su sufrimiento.

    Clavó la estrella con su mano ardiente.

    Y cortó, de camisa o firmamento,
    azul para la estrella de la patria.

    El rojo, gota a gota, iba naciendo.”

    Neruda…

    Estoy contigo Manolo.

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