Una más de D. Camilo

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Cuéntase que se dice que se cuenta…
que en tierras de Castilla se hallaba.
Para impartir docencia, en una sabia conferencia,
incluida, de alguna que otra impertinencia.

Era Don Camilo José Cela, prolífico en letras,
rápido de pensamiento, y audaz en oratoria.
Honores ostentaba, el Señor Marques de Iria Flavia.
La idea a su lengua acudía, y sin mas la desprendía.

Gran condumio tuvo el de Padrón ese día,
entre cochinillo y fabada, su barriga se le inflaba.
Como gallego afamado, con queimada había acabado.
Gran bebedor, mejor comedor, sin pudor amante del amor.

A la hora acordada, completo el aforo está.
Ociosas las Señoras, aireando sus riquezas y joyerío,
rato hace que esperan, luciendo su aderezo y poderío.
Ya al estrado ha llegado, con ovación de gala saludado.

Tras la cordial bienvenida, nota su vientre inflamado,
revueltas siente sus tripas, de fabada y cochinillo.
Calmado el vendaval de aplausos, revuelto de gallinero.
¡Shhh… que va a hablar! ¡Don Camilo va a disertar!

A su diestra va a sentarse, la Señora Presidenta.
A su siniestra la secretaria, que al unísono se aposenta.
Con potencia y sonoridad una gran ventosidad le escapa,
“No se preocupe Señora, diremos que he sido Yo”

La presidenta padece un ahogo: ni pestañea,
A la secretaria, se le tuercen los ojos; en blanco los pone,
Falta oxígeno en la sala, las primeras filas desvaídas.
Don Camilo, con su monólogo empieza. ¿Pasa algo?

Y así es, como “Pedorra”, quedó la Señora Presidenta.
Gran sofoco fue el que le dieron, las tripas de Don Camilo.
Tan roja como tomate la pobre quedó. Al menos no se ahogó
y Camilo disertaba, su historia de la Alpujarra.

Fernando Vallés

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Del refranero popular

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Día a día, mi sabio maestro
Palmer me repetía:
“Haciendo y deshaciendo,
se va aprendiendo”.
Pero mal yo lo estaba viendo.

Dentro de la “perola” estábamos,
cociéndonos aquellos bosquimanos.
Con cebollas, pimiento y tomates,
del festín éramos la primera parte:
rico postre tenían uva, piña, y aguacate.

¡Que el ocio no quede impune:
quien no trabaje, que ayune!
Por si de algo servia y decidieran ayunar,
a nosotros nos veían, como un rico manjar.
¡Juan Carlos, que esto empieza a calentar!

No te debes preocupar, y atiende, que…
“Algo tendrá el agua cuando la bendicen”
Dancemos en la perola, y probemos a volcar.
Volcar logramos, pero todo lo derramamos
¡Toda la verdura a la basura! Bramó el Jefe.

Justo en ese momento, mi conciencia despertó,
mucho había cenado: mal sueño me durmió.
Al despertar recordé que “de un cólico de acelgas
nunca murió Rey ni Reina”
Y que “de golosos y tragones
llenos están todos los panteones”.

Fernando Vallés

Un viaje

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La primera vez que fui de excursión con el colegio tenía 12 años. Fuimos de viaje a Barcelona. Iba con todos los compañeros de clase y salimos todos juntos desde Villarreal en autobús. Tras haber observado con detalle el plano de la ciudad de Barcelona, localicé el alojamiento en el que íbamos a quedarnos durante 3 días.

Durante el viaje los profesores nos llevaron a los sitios más conocidos de la ciudad: la Sagrada Familia, las Ramblas, la Catedral, la Pedrera, etc.

Días después tuvimos un examen sobre geografía y sobre Gaudí en el colegio, y el haber hecho este viaje a Barcelona me facilitó mucho el estudio porque había vivido en primera persona esa experiencia de viaje.

La consecuencia de todo esto es que los viajes aportan una gran cantidad de información que hace que aprendamos historia, geografía y cultura casi sin darnos cuenta.

Pilar Recatalá

Padres e hijos

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¿Cómo pueden ser tan distintas las vidas de una generación a otra? Muchos de nosotros no tuvimos la oportunidad de estudiar. Llegar a una educación mínima era mucho más de lo que nuestros padres pudieron soñar. Pero nos quedó ese gusanillo de no haber podido estudiar una carrera universitaria, así que a nuestros hijos les hemos proporcionado todos los estudios que han estado a nuestro alcance.

Nuestros padres trabajaban doce horas diarias y el trayecto podía ser de más de una hora caminando. Nosotros conseguimos que la jornada laboral fuera de ocho horas, trayectos en coche más confortables. Resulta que nuestros hijos no encuentran ese trabajo deseado y, si lo logran, es con algún contrato de ETTs o en prácticas. Además, siempre se da por hecho que no les importa desplazarse donde sea.

Cuando pasamos de la peseta al euro para poder formar parte de una Europa unificada, los salarios basura eran los mileuristas: en la actualidad, llegar a los 1.000 euros es tener un buen trabajo. Eso sí, para tener un empleo de estas características tienes que tener estudios universitarios, másters, y conocer diferentes idiomas, además de los propios de nuestro país.

Tenemos unos dos millones de nuestros hijos trabajando por el mundo. Son familias que se ven de uvas a peras, pero tenemos la suerte de poder comunicarnos virtualmente y, por si fuera poco, tenemos que estar contentos porque podemos decir que se ganan bien la vida. Aunque nos guste o no, son emigrantes.

Dicen que ya no hay distancias, pero si comparamos los trayectos de nuestros padres—que aunque andaran una hora, volvían a casa a dormir con sus familias—, todo es cada vez más complicado. Para nuestros hijos, si quieren abrazar a los suyos, han de volar esa misma hora pero deben tener en cuenta que van a deambular por los aeropuertos dos o tres más, suponiendo que todo vaya bien y no hayan retrasos ni cancelaciones.

Habremos avanzado mucho en tecnologías o en poder desayunar en un país, comer en otro y estar de vuelta a cenar en casa. Pero humanamente hemos abandonado las cenas familiares, (aunque hubiese debate con que canal televisivo mirábamos). Ahora, en estas mismas las cenas, suponiendo que logres coincidir en horarios—cosa poco frecuente—, tenemos unos pequeños intrusos llamados móviles, que nos despistan de cualquier posible conversación.

Cincuenta años pueden separar bisabuelos de bisnietos, pero la realidad es que los separa todo un mundo diferente.

Cristina Amat

Un recuerdo y una duda

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Escuchar música siempre le evoca dulzura, horas paradas junto a él, que nunca olvidará. No era solamente el sonido lo que acariciaba sus sentimientos. Le traían memorias de su persona, sus encantos, que siempre permanecerán en su ser.

Tras haber descansado y saber que las horas pasaban, su persona se entristecía porque ya no existía. Era sólo un recuerdo. La duda era ser capaz de aceptar el hecho de haberse enamorado.

María Pilar Grande Villaescusa

 

La decisión

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Abrió las ventanas a un nuevo día. La conversación de la noche anterior no le había dejado dormir bien. Hacia escasos meses que había perdido a su marido y su sensación era extraña. Por una parte quería decirle sí y a la vez no quería perderle a él también tan rápido. No obstante, sabía que esa mañana tenían que hablar y tomar una decisión sin hacer daño a nadie.

No valía la pena darle más vueltas: iba a decirle que fuera él quien eligiera, ya que en esto estaba su futuro. No le importaría que se fuese a Argentina para estudiar en la mejor escuela de circo. Esa fue siempre su ilusión y ella estaba feliz y contenta y, por supuesto, le apoyaría en todo.

Elena Balado

Asesinato en Castellón

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No era tarde. Por lo menos para alguien como él, que acostumbraba a salir por la noche a dar una vuelta y tomar una cerveza. Pensó en pasar por casa de un amigo suyo, para disfrutar de su compañía, ya que últimamente se encontraba muy solo.

Al llegar al segundo piso y ver que la puerta estaba abierta se inquietó, pero decidió llamar. No obtuvo respuesta. Dudó un poco, pero al final decidió entrar. Levantó la voz y gritó:

– ¡Sergio! ¡Sergio! 

No hubo  respuesta. Entró en la cocina, luego en el baño y, cuando llegó al salón, descubrió que entre sombras se podía adivinar el perfil de una silueta recostada en el sofá. Le vio y, de pronto, notó que no respiraba. Lo llamó, lo movió, pero no respondía.

De repente escuchó un ruido en la habitación. Salió corriendo y llamó rápidamente a la Policía. Al llegar allí encontraron un cadáver. Llegó el juez a realizar el levantamiento y tomaron declaración a los vecinos. La investigación, a partir de aquel momento, se centró en dos posibles sospechosos.

Más detalles en otra ocasión…

Mª J. Babiloni

 

Rayos de sol

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Abrió las ventanas. Los primeros rayos de sol entraron en las estancias y se dio cuenta de que ya había amanecido. Era primavera y oyó que los pajarillos entonaban sus cantos.

Su sensación era extraña. Por un lado, no sabía qué camino tomar, la vida no le estaba siendo muy favorable.

No obstante, sabia que tenía que salir de aquel bache; llamaría a algunos amigos para hacer planes y organizar unas excursiones por las montañas cercanas.

No valía la pena darle más vueltas. Al fin sabía que la vida sigue y que las personas que te aprecian siempre estarán a tu lado.

Pilar Mollón Gil

El futuro y la felicidad

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El futuro ha llegado, pero a Juan todo le parecía anormal.

No sabia si reír o llorar: tenía claro que la vida había cambiado tanto que no entendía la mayoría de los cambios que estaban sucediendo, pero al llegar se dio de bruces con la respuesta.

Allí mismo se encontró con otro hombre que se veía que era feliz, trabajando en el campo, y que parecía vivir sin enterarse de la mayoría de los problemas del mundo urbano.

En conclusión, se dio cuenta de que no sabemos quien puede llegar a ser más feliz.

Pedro Escuder López

La música, tarea enriquecedora en la vida

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Escuchar aquella música siempre le evocaba las ganas de haber podido aprender música y la cultura que representa, no sólo en su conocimiento sino también en lo que en el interior de uno se manifiesta, ya que ésta no era solamente el sonido (manifestación externa) que acariciaba sus sentimientos, sino que también, al tiempo, internamente produce una gran satisfacción y un deseo de que se plasme en una realidad transformadora que abarque un mundo mejor.

Tras haber descansado y saber que la música puede ser un acicate para desenvolverse mejor en la vida, la duda ahora era ser capaz de ponernos manos a la obra y empezar de nuevo.

Vicent P. Gómez