Ir a la universidad

book-863418_960_720

La primera vez que me dieron una beca de estudios fue para mí la salvación. Llevaba varios años intentando convencer a mis padres de que me dejaran estudiar. Mis hermanos mayores habían tenido que abandonar el colegio a los 14 años, para ayudar en las tareas agrícolas, a las que mis padres se dedicaban. Así sucedía en la gran mayoría de las familias en mi pueblo, en aquella época. Yo tuve la suerte de que mis hermanos me apoyaron para que siguiera estudiando, de lo que siempre les estaré agradecida, y así hice mi acceso a la universidad. Ese año se estrenaba nuestra famosa “selectividad”.

Económicamente era imposible ir a la ciudad más cercana para estudiar una carrera. Solicité una beca y, un tiempo después, recibí una notificación comunicándome que me la habían concedido.

Tras haber observado con detalle que era cierto lo que allí ponía, di un gran salto de alegría y corrí a decírselo a mis padres. Todavía no tenían ellos claro que yo me fuera de mi pueblo a otra ciudad y allí compartir piso con más compañeras. ¿Qué diría la gente? Mucho tuve que luchar para que me apoyaran y confiaran en mí. Fui al banco con gran nerviosismo, para cobrar el importe de la beca, y os confieso que no había visto tanto dinero en mi vida, fueron 60.000 pesetas y las entregué íntegramente en casa.

Días después, mi padre se pronunció sobre el tema y me comunicó muy seriamente que sólo me dejaría salir a la ciudad más cercana, que estaba a 30 kilómetros: Alicante. Allí solamente se podía estudiar Magisterio, en la Escuela Normal, así que no tuve otra opción y me matriculé allí. No era lo que más me gustaba del mundo, pero estaba dichosa y me sentía muy muy afortunada por poder seguir estudiando. Era un regalo que me brindaba la vida y así viví aquella etapa.

La consecuencia de todo esto es que, cada vez más, me cuesta mucho entender a los jóvenes a los que se les brinda la oportunidad de seguir unos estudios, de formarse, de enriquecerse personalmente, de hacerlo incluso en la misma ciudad donde residen, y no valoran lo que tienen al alcance de sus manos.

Cuando tuve a mis hijos, mi mayor empeño fue que estudiaran una carrera. La formación es un arma que te defiende ante la vida y en cualquier situación.

Nieves B.

Anuncios

2 respuestas a “Ir a la universidad

  1. elena balado 21 marzo, 2018 / 10:31 pm

    Nieves, ¡Qué lección de vida!….. gracias por contarla…..

    Me gusta

  2. Nieves abarca 24 marzo, 2018 / 10:55 pm

    Me ha encantado tu escrito ! Además tiene la gracia de que ademas de tener el mismo nombre hemos coincidido en los estudios

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s