¡Qué perra vida!

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En el descampado, junto al paseo de la playa, los perros corren a sus anchas, libres de sus correas; mientras tanto, sus amos charlan alegremente, normalmente de sus hazañas y graciosas proezas, al tiempo que les siguen con sus miradas; y, cuando se acercan, les lanzan pelotas. Ellos, gustosos, corren desesperadamente para cogerlas y las devuelven como si fuesen imaginarias presas cazadas para sus amos.

Esa tarde Juan no soltó a su perrita border collie; sospechaba que estaba próxima o al principio de su segundo celo y no quería que le hiciesen “abuelo” prematuramente, así que optó por estar muy separado del resto de los perros para que pudiesen jugar tranquilos.

Al poco una mujer, arrastrada por su perro, también un border collie, se fue acercando hacia la perrita.

Hola—espetó—. Este pesado no deja de estirarme. Es muy joven y no me atrevo a soltarlo con esos enormes perros que no lo conocen.

-Hola. ¿Cuanto tiempo tiene?—respondió Juan a la desconocida.

Escasos 14 meses—contestó.

Está enorme; no es extraño que no pueda sujetarlo. Mi perrita escasos dos años.

El joven border olisqueaba a Kely, la alegre perrita de Juan, que no tenía inconveniente de dejar oler su trasero sin pudor ni reserva alguna, a la vez que la invitaba a jugar, agachándose delante de ella con espontáneos ladridos, incitándola al juego. Parecía confundido entre los dos juegos en que se debatía.

Me da la impresión que Kely está rondando el celo, por eso no la suelto. Velo por su seguridad; hay mucho merodeador por ahí

¡Ah!—dijo la mujer—, por eso este bandido tiraba tanto hacia ella. ¡Qué pequeño pillín!

-Tampoco ella se resiste mucho.

Pobrecita—dijo la mujer— lo está pasando mal. Las hormonas gastan muy malas pasadas.

-Es curioso pero los perros no hacen nada a las perritas si no se huelen el celo: parece no interesarle hasta ese momento. ¡Qué distinto a los humanos!

-Sí—contestó ella—. Algunos tienen ese magnífico olfato entre otras cosas.

-Puede que también las miradas y los gestos les hagan reaccionar, dándoles perspectivas.

-Si; deben tener otros instintos y comprender otras formas de sugerir, de comprender las cosas sutilmente…—dijo, como dejando o esperando una respuesta.

-Vaya, parece que se gustaron—dijo Juan, pero sin querer cambiar de conversación.

-Sí que lo parece: Terry es la primera vez que se pone tan retozón.

-Yo ya le había visto algún otro día por aquí, le había observado. Es un muy atractivo y con una anatomía impresionante.

-Si yo también la había observado a Kely; es muy simpática, pero este pillín hasta hoy no se ha decidido a abordarla. Me he trasladado hace poco al barrio. Terry me hace mucha compañía desde que me divorcié; lo cogí hace solo cuatro meses, desde que me vine a esta zona que es muy propicia para ellos.

-Nos veremos entonces con frecuencia. Parece que quieren hacerse amigos. Al fin y al cabo son de la misma raza. Y nosotros también vivimos cerca, en aquellos apartamentos azules—dijo, señalando hacia una edificación próxima.

Sí—respondió ella rápidamente—; es bueno que se hagan amigos y que se vean con frecuencia.

La tarde discurría suavemente; se vislumbraba a lo lejos un ligero sonrosado del cielo que presagiaba un limpio atardecer.

-Además yo estoy pensando que sería bueno que Kely fuese mamá, es bueno para su desarrollo y, claro está, necesitaría a alguien de la misma raza y Terry me parecería un buen yerno. Claro, con la venia oportuna.

-Sí, encantada, tanto como él—dijo ella entre risitas—. Hacen una buena pareja. Además él pronto podrá ser un experto, el pobre ahora casi que no se entera. No sabe si cortejarla o qué hacer.

-Yo creo que se va enterando: quizá al ser la primera vez, guarda un poco las formas, pero ya cambiará. A esas cosas, cuando hay una conformidad común, se aprende pronto.

-Sería muy bonito, parece que se gustan y son tan juguetones los dos que…—ella dejó la frase en el aire, casi con la respuesta pagada.

-Eso parece, tendrán que dar la conformidad los papás. Son muy jóvenes… -—dijo Juan, entre risitas.

-Pienso que estarán encantados en su momento, pero habrá que buscarles un sitio… aquí, en el descampado, los pobres no tienen intimidad… la consumación, perdería mucho….

-¿Romanticismo?—apostilló Juan.

-Sí, esa es la palabra—confirmó ella.

-Vivo en un ático solo, con una terraza muy ex-profeso para ello, con muchas flores y luz cálida muy adecuada para su primer encuentro. Lo malo…—se cortó Juan—… nada. Iba a decir una tontería.

-Dímela—contestó ella pasando al tuteo, con un deje muy femenino casi mimoso.

-Que ya que ellos no pueden tomar champán, los futuros abuelos podrían brindar por el acontecimiento…

-.Uhhhh—murmuró ella—. Eso se merece al menos un Moet & Chandon.

-Si, al menos… Por cierto, no nos hemos presentado… Yo soy Juan.

Ella llevó su mano a la boca sorprendida…

Yo Inés…jajajajaja.

Jajaja—rió Juan aproximándose hacia Inés para besar sus mejillas.

Manuel Cañadas

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6 respuestas a “¡Qué perra vida!

  1. Julia Reyes Nieto Carrasco 22 marzo, 2018 / 1:59 pm

    Magnífico encuentro para los cuatro, que sabías son las mascotas, sin proponérselo acercan a personas que sin su ayuda sería más difucil..como todo lo que escribes me encanta leerte.

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  2. Amparo Marti 22 marzo, 2018 / 8:32 pm

    Muy bueno Manolo.Quiza la antesala de un gran romance para Ines y Juan ,gracias a Kely y Terry.Siempre han dicho que el perro es el mejor amigo del hombre.

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  3. Elena Martínez 22 marzo, 2018 / 9:57 pm

    Cita a cuatro bandas, esto suele pasar con los perritos, buenísimo como siempre Manolo

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  4. elena balado 22 marzo, 2018 / 10:25 pm

    Manuel, qué sutilidad la tuya, qué delicadeza , qué dejar volar a la imaginación…. como siempre….”envidiable”. Gracias.

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  5. M. Angeles tirado 22 marzo, 2018 / 11:32 pm

    Dicen que los perros son los mejores amigos de hombre, y mira que sutilmente, se han unido los cuatro. Me ha gustado Manolo!!

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  6. Manuel Cañadas 23 marzo, 2018 / 10:36 am

    Gracias a todas, muchas gracias.

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