Padres e hijos

ZYX

¿Cómo pueden ser tan distintas las vidas de una generación a otra? Muchos de nosotros no tuvimos la oportunidad de estudiar. Llegar a una educación mínima era mucho más de lo que nuestros padres pudieron soñar. Pero nos quedó ese gusanillo de no haber podido estudiar una carrera universitaria, así que a nuestros hijos les hemos proporcionado todos los estudios que han estado a nuestro alcance.

Nuestros padres trabajaban doce horas diarias y el trayecto podía ser de más de una hora caminando. Nosotros conseguimos que la jornada laboral fuera de ocho horas, trayectos en coche más confortables. Resulta que nuestros hijos no encuentran ese trabajo deseado y, si lo logran, es con algún contrato de ETTs o en prácticas. Además, siempre se da por hecho que no les importa desplazarse donde sea.

Cuando pasamos de la peseta al euro para poder formar parte de una Europa unificada, los salarios basura eran los mileuristas: en la actualidad, llegar a los 1.000 euros es tener un buen trabajo. Eso sí, para tener un empleo de estas características tienes que tener estudios universitarios, másters, y conocer diferentes idiomas, además de los propios de nuestro país.

Tenemos unos dos millones de nuestros hijos trabajando por el mundo. Son familias que se ven de uvas a peras, pero tenemos la suerte de poder comunicarnos virtualmente y, por si fuera poco, tenemos que estar contentos porque podemos decir que se ganan bien la vida. Aunque nos guste o no, son emigrantes.

Dicen que ya no hay distancias, pero si comparamos los trayectos de nuestros padres—que aunque andaran una hora, volvían a casa a dormir con sus familias—, todo es cada vez más complicado. Para nuestros hijos, si quieren abrazar a los suyos, han de volar esa misma hora pero deben tener en cuenta que van a deambular por los aeropuertos dos o tres más, suponiendo que todo vaya bien y no hayan retrasos ni cancelaciones.

Habremos avanzado mucho en tecnologías o en poder desayunar en un país, comer en otro y estar de vuelta a cenar en casa. Pero humanamente hemos abandonado las cenas familiares, (aunque hubiese debate con que canal televisivo mirábamos). Ahora, en estas mismas las cenas, suponiendo que logres coincidir en horarios—cosa poco frecuente—, tenemos unos pequeños intrusos llamados móviles, que nos despistan de cualquier posible conversación.

Cincuenta años pueden separar bisabuelos de bisnietos, pero la realidad es que los separa todo un mundo diferente.

Cristina Amat

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4 respuestas a “Padres e hijos

  1. Pedro Ivars Sabater 1 abril, 2018 / 2:29 pm

    Hemos avanzado en tecnología, pero la convivencia la estamos perdiendo.

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  2. Nieves Bejerano 2 abril, 2018 / 6:57 pm

    Cierto Cristina, hemos avanzado con el paso del tiempo, pero hemos perdido muchas cosas importantes en el camino.

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  3. fernando valles 4 abril, 2018 / 10:39 am

    La triste realidad, Cristina le has dado en el clavo

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  4. elena balado 5 abril, 2018 / 4:38 pm

    Tristemente hay que priorizar ….. a veces es difícil…

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