A cada cerdo…

marianico

Eran las 12 de la noche de un día gris y frío. La lluvia caía sin anestesia: gotas enormes y duras que hacían verdadero daño al golpear en los pocos transeúntes que se atrevían a cruzar la calle de la Peregrina. Él observaba desde la ventana de su despacho: su anterior ocupación le acostumbró a dormir poco. Aquella pequeña ciudad de provincias no había tenido jamás entre sus residentes a nadie tan ilustre como el ex presidente del  gobierno, Mariano Rajoy Brey.

Desde que fue despedido de su empleo, por los nefastos resultados electorales de su partido, D. Mariano, como así le llamaban sus conciudadanos, pasaba los días saliendo a caminar a primera hora, junto a sus perennes guardaespaldas. El parque de Rosalía de Castro era el lugar elegido, un idílico lugar en Pontevedra. Mentiría si dijese que era bien recibido por todos los habitantes de la ciudad: los partidarios de sus antiguos oponentes políticos no desaprovechaban la ocasión de soltarle algún que otro improperio en forma de refrán. Algunos le gritaban “Marianito: a cada cerdo le llega su San Martín.” En eso era más británico que español y estoicamente soportaba la guasa. Creo que de su época en activo había aprendido a desconectar cuando el momento lo requería.

Acabado el ejercicio matutino, regresaba a su casa: ése era el peor momento del día. El silencio lo inundaba todo. Elvira, Juan y Mariano, mujer e hijos, también lo habían abandonado, al igual que sus votantes y su partido.

Llevaba unas semanas muy pensativo, como abstraído. No acudía a diario al despacho y su secretaria pasaba horas de brazos cruzados esperando noticias de su jefe.

– “Algo le pasa a Don Mariano: siempre fue muy comedido y trabajador, cumplidor de sus obligaciones, y esto que está pasando no me cuadra”, le dijo a Emilio, el chófer,   que también llevaba días esperando la llamada del Jefe para recogerlo.

– “Es que lo que le ha pasado es muy duro; no sé como reaccionaría yo si mi Amparo me dejara por el líder de la Oposición”, dijo con cara de pocos amigos Emilio.

Don Mariano, abrió los ojos. La cabeza le daba vueltas. Comprobó con desesperación que los tres tubos de somníferos no habían hecho el efecto deseado y continuaba vivo.

– “Hasta en esto me ha abandonado la suerte, Dios Mío”, pensó

Se quedó mirando los periódicos que descansaban en la mesilla, los cogió y leyó los titulares

EXCLUSIVA: LAS FOTOS DE LA LUNA DE MIEL DE PABLO Y ELVIRA EN LAS ISLAS SEYCHELLES”

“ME CORTARÉ LA COLETA, SI ME LO PIDE ELVIRA”, “MIS VOTANTES LO COMPRENDERÁN

“FORMAMOS UN CIRCULO MÁS PERFECTO QUE EL DE VISTALEGRE”, afirma un enamorado Pablo.

La indignación y la vergüenza se apoderaron de Don Mariano. Salió como una exhalación hacia la puerta. Allí estaban sus guardaespaldas, de pie, con el semblante rígido.

“Denme una pistola, rápido”, les dijo D. Mariano.

Ambos se miraron extrañados, dudaron, pero El Jefe repitió enérgicamente,

– Rápido, una pistola, ¡carallo!

Uno de ellos se tiró mano a la pistolera que llevaba debajo de la americana y se la tendió.

– “Cuidado, D. Mariano, que las armas las carga el diablo”.

La asió con fuerza y cerró la puerta. Se quedó pegado a ella, sudando, llorando, temblando, y por su cabeza pasó el film de su vida: su niñez y juventud a caballo entre Galicia y León. Su carrera de registrador y su carrera política, siempre en el mismo partido, donde fue varias veces ministro y llegó a presidir el país. Su primer y único amor, Elvira, sus hijos… Finalmente, el fracaso en todo ello.

Decidió que era hora de bajar el telón, poner el the end.

Se dirigió a su sillón de lectura, cogió el DVD de Tesis, su película favorita y el ejemplar de La Catedral del Mar, su libro predilecto; los puso en su regazo, miró el arma, le quitó el seguro, se la acercó a la boca y, sin pestañear, apretó el gatillo.

Clik, clik, clik. Nada salió por el cañón: estaba descargada. En ese momento aparecieron los guardianes de su seguridad. Uno de ellos llevaba un cargador en la mano y, mirándole fijamente, le dijo:

– D. Mariano, hoy no es su día.

JOSE ENRIQUE SANZ YUSTE

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4 respuestas a “A cada cerdo…

  1. elena balado 9 abril, 2018 / 12:09 pm

    Ja, Ja,ja…… me parto de risa…… y encima ¿está embarazada?…… Enrique reír es lo que necesitamos en este momento…… muy ingenioso……me gusta….

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  2. José Enrique Sanz Yuste 9 abril, 2018 / 2:37 pm

    Gracias,Elena,jaja

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  3. Jtrainer 9 abril, 2018 / 8:30 pm

    Muy original

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  4. Pablo Magnieto 10 abril, 2018 / 6:06 am

    Genial, superas a los guionistas del “Jueves”.

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