Ausencia

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A mi amigo Legionario.

Aquella noche me lo contó, pero no sabía escribirlo.

Estabas ahí, siempre lo estuviste. Cerca o lejos, al alcance de mi mano, de mis ojos o de mi voz, pero estabas ahí. Aún en la distancia lo estabas. Siempre, sin reloj ni calendario.

Los años pasaron como primaveras aladas, por todas las estaciones, hasta el invierno. Y seguías estando, como un órgano más de mi cuerpo, como una extremidad, como el aire.

Sin darme cuenta existías conmigo y en mí, y desconocía el significado de la palabra ausencia. Eras lo cotidiano, lo inseparable, lo normal, lo que existía, la circunstancia, el sujeto de todas mis oraciones.

Sin darme cuenta te fuiste, una fría madrugada. Te llevó un sueño maldito, un mal sueño te robó el aire. Y entonces me di cuenta de que no estabas.

Conocí la palabra soledad y todas sus compañeras, las que viven en el corazón del que está solo, las que retozan en su mente en las madrugadas, en los atardeceres; las que te traen los recuerdos más efímeros, más livianos, pero que para nosotros tenían un significado, minúsculo, pueril… a veces perfumado. Palabras como nostalgia, ausencia, melancolía, tristeza o añoranza, entraron en el diccionario de mi vida para no salir jamás, para sustituirte.

Pero a pesar de todo, aún a veces me pregunto, quién de los dos está ausente, porque siempre, mi amor, estarás conmigo.

Aún cuando no pueda vencer el silencio que me habita, cuando caiga por las laderas de todos los volcanes que supiste soportar, de todas las veces que me obviaste para no sentirte herida, aún cuando por salvarme te hiciste perdedora, invisible, inconcreta.

Seguías estando ahí, a pesar de mis palabras, de mis actos, de mi agresiva mudez, de mis miradas, de mis extensas palabras que no te contenían. Estabas ahí, y no me daba cuenta.

Anochece ya la vida y siempre te recuerdo. No eludo la etérea pereza de mi mente vagando por los recuerdos, colgándose en nubes paralelas con el horizonte, en donde, a veces, te sitúo e intento alcanzarlo en vano con mis manos, porque cuando llego a ti, te has declinado como un verbo intransitivo.

Viajo a la urna que te contiene, llevando mis minerales como un yugo que arrastra lo que de mí dejaste, y que aún, le llaman vida.

Se extingue el día. Como un quinqué olvidado, y a lo lejos, vacilan las luces que navegan. Alzo mi voz en el entorno que me acoge para que llegue a todos los rumbos que existen, para que a ti acuda y escuche el más rotundo perdón por mis pecados.

Manuel Cañadas

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5 respuestas a “Ausencia

  1. elena balado 17 abril, 2018 / 10:33 am

    Bravo, Manuel, ¡Con el corazón en las palabras!, Me ha emocionado tu escrito ya que lo puedo aplicar a varios episodios de mi vida. Gracias, una vez más.

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  2. Elena Martínez 17 abril, 2018 / 9:27 pm

    Impresionante, Manolo ya sabía que es bueno tenerte como amigo pero me lo confirman tus palabras, gracias

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  3. María del Mar 19 abril, 2018 / 9:51 pm

    Dolor y arrepentimiento ?
    Muy del corazón Manolo… Bien

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  4. Amparo 22 abril, 2018 / 2:47 pm

    Precioso y lleno de ternura ,como todo lo que escribes ,me encanta.Enhorabuena

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  5. Manuel Cañadas 23 abril, 2018 / 8:15 pm

    Gracias a todas

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