París

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El verano de 2003 decidimos ir a París: pensamos “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” pues podría ser un bonito viaje. Era organizado por una persona conocida y, también conocíamos a las demás personas que iban. Estábamos muy ilusionados.

Llegamos ya bien entrada la noche a una zona de descanso y, claro, estábamos todos con ganas de bajar del autobús; se hace pesado, son muchas horas. Bajamos y entramos en la cafetería, ya en territorio francés. La gente empezó a pedir lo que le apetecía: algunos fuimos a las máquinas. Éramos muchos y aquello se llenó. Había más gente: eran de otras nacionalidades, ya que al hablar lo supe. Venía con nosotros un joven con su madre: era soltero, ya algo maduro, y no paraba de decir que él sabía francés. ¡Bueno!  ¡No daba ni una! De allí salimos pitando, pues no daba “pie con bola”.

Llegamos a París; después de acomodarnos nos fuimos, cómo no, a ver la torre Eiffel, si bien para algunos de los que venían era la “torre infiel”. Vamos, que por más que les dijeras que no se llamaba así “por un oído les entraba y por otro les salía”. Cuando subimos, no recuerdo a qué planta llegamos, ya que me quedé blanca del pánico que me entró al verme a tanta altura. No era yo la única en esa situación, ya que la persona que estaba a mi lado se encontraba igual, agarrada de la barandilla e inmóvil. Una pareja de las que venía con nosotros se empeñó en subir al último piso y, por más que les dijeran que no subieran, hicieron “a palabras necias oídos sordos”. Allí que subieron. Cuando bajaron, nos contaron las vistas tan espectaculares de París. Les dijimos que de la planta inferior también se veía, aunque les dió lo mismo.

Fuimos a Disneyland París, pues también venían niños. Al rato de estar allí, vino a saludar uno de los personajes más famosos de Disney, Mickey Mouse, dando la mano y abrazando a la gente: en fin, todo lo que hacen estos personajes para entretener. Estando preparados para subir al tren que recorre el parque, el soltero que sabía francés, iba vestido con una camiseta del Valencia y, de repente, escuchamos ¡Amunt Valencia! Era el maquinista del tren, que era de Gandía. ¡Vaya sorpresa que nos llevamos!

Cuando fuimos a la tienda de regalos, estaba mirando unas camisetas para comprar y, al estar hablando en valenciano, se dirigió una señora a mí, preguntándome si era de Villarreal. Me quedé sorprendida. Le dije que no y ella me comentó que era de allí. Con éstas y otras muchas anécdotas de este viaje, nos lo pasamos muy bien. Hubo algunos encuentros con más personas de la Comunidad Valenciana. Por momentos creí no estar en París ya que solo se hablaba en valenciano (para bien, pues no se francés).

T.B.C.

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3 respuestas a “París

  1. Amparo 5 mayo, 2018 / 6:51 am

    Que gran ciudad Paris,tan señorial con esos Edificios ,museos Plazas .Alli fui en mi luna de miel,Y la cigueña llego un año despues a mi casa,Venia de Paris.Me ha gustado mucho tu relato.Gracias

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  2. elena balado 6 mayo, 2018 / 8:57 pm

    Nosotros en París tuvimos que explicar que eramos de Castellón y no lo ubicaban en el mapa…. se nos ocurrió decir Club de fútbol Vilarreal, en aquel momento era muy bueno, y la señora del hotel nos contesto: Si, si, al lado de Marina d´or…. No quedamos petrificados.

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  3. tere 10 mayo, 2018 / 10:21 am

    gracias, fue un viaje muy bonito

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