Tirar del hilo

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El mes de Noviembre ya se dejaba notar y, a pesar de ser una mañana fría y gris, Elena se levantó de muy buen humor, ya que por fin habían detenido al hombre que, a punta de navaja, robaba y tenía atemorizado al barrio situado en el norte de la ciudad. Y, por si eso no fuera suficiente, su jefe le había dado el día libre para que desconectara.
Decidió ir al pueblecito de la montaña que cada vez con más asiduidad visitaba, donde se comía tan bien y a la vez podía dedicarse a una de sus aficiones favoritas: caminar por sendas entre árboles y montañas. Comió pronto para aprovechar las pocas horas de luz vespertina que el mes de noviembre regalaba. Caminó durante más de tres horas, tiempo suficiente para desprenderse de humos, prisas y stress que la ciudad le producían. Regresó al mismo bar para tomarse una cerveza y un bocadillo, y así evitarse hacer cena en casa. Estaba  pensando que algún día heredaría la casa de sus padres, situada en un pueblo cercano y soñaba con llevar una vida tranquila en el pueblo, paseando, leyendo, etc, cuando notó la vibración del móvil cuyo volumen había quitado para que una posible llamada o los fastidiosos whatsapps, no molestasen a los animales que vivían en la montaña. Era su jefe.
¿Que pasará?, ¿No me había dado el día libre?, ¿No podrá esperar a mañana?
-Dime, jefe.
-No saques tu mal genio. Si no fuera urgente no te habría llamado.
-Desembucha rápido, que estoy tomándome el café y todavía me queda una hora de coche hasta llegar a casa.
-¿Donde estás?
-En la montaña, desconectando del mundo urbano.
-Pues me viene a huevos, ya que tienes que ir al pueblo de tus padres, que si no me equivoco te viene de paso.
-¿Qué ha pasado?
-Ha habido una explosión, con muerto incluido, y creo que ha sido en casa de tus padres, pero no te preocupes, que ellos están bien.
-Salgo enseguida y te informo. Ciao.
———————————————————————————
En todo el pueblo, no se hablaba de otra cosa, que no fueran los atracos y robos, que se habían producido en varias viviendas de los pueblos de la comarca, y que ya duraban casi dos meses, sin que la policía hubiera detenido al autor.
Pues aunque entren en mi casa, no van a encontrar el dinero, porque lo tengo muy bien escondido, comentaba el padre de Elena, mientras jugaba con otros amigos su vespertina partida de cartas, en el bar del pueblo.
Un forastero de mediana edad, oculto tras un periódico, al que no prestaba atención, tras escuchar la conversación, pensó “pues tu serás la siguiente víctima”. Cuando se dirigía hacia su casa para recoger a su mujer e ir a bailar, como hacían casi todas las tardes, no se dio cuenta de que lo seguían. El hombre de la máscara -como era conocido, ya que en uno de sus atracos, encontró una persona dentro de la casa, que consiguió escapar y que afirmaba que el atracador llevaba una especie de máscara, para ocultar su rostro-, esperó a que los padres de Elena salieran de la casa y echar un vistazo para buscar la mejor opción para poder entrar. A continuación estuvo paseando por las afueras del pueblo, hasta que empezó a caer la noche. Estaba oscureciendo cuando se situó delante de la puerta principal que era por donde había decidido entrar. Se colocó la careta y, tras un breve forcejeo, consiguió abrir la puerta. Nada más asomar la cabeza notó una mezcla de olores bastante desagradable “ huele a basura, pescado y gas todo mezclado “ pensó. Este fue su último pensamiento ya que al encender la linterna salió despedido debido a una explosión, y fue a golpear su cabeza contra unos escalones, muriendo en el acto. Algunos vecinos, alertados por la explosión y el fuego, avisaron a la policía y a los bomberos. La policía tardó algo mas, pero los bomberos se personaron inmediatamente, ya que se encontraban muy próximos al pueblo, pues venían de hacer unos ejercicios en la montaña, y pudieron sofocar el incendio rápidamente. Los bomberos informaron a la policía cuando llegó de que se había producido una explosión porque el gas de la cocina estaba abierto y el encendido de la linterna hizo el resto.
El infeliz era un experto en forzar y abrir puertas, pero todavía no se había enterado—ni se enteraría ya—de que un interruptor de luz o un encendido de una linterna es suficiente para provocar una explosión en un recinto cerrado en el que se haya acumulado gas, bien sea por una fuga o por un descuido.
Elena se personó en la casa que conocía bastante bien, no sin antes abrazar a sus padres, comprobando que se encontraban fuera de peligro, ya que como era habitual estaban enfrascados en una de sus discusiones:
-No es la primera vez que te dejas abierto el gas
-Yo no he sido, siempre lo cierro cuando acabo de guisar
-Ultimamente casi nunca…
Aquella discusión a Elena le supo a gloria, pues era una muestra de que sus padres “estaban en forma”. Lo preocupante era que el Alzehimer había entrado en el cerebro de su madre y avanzaba a demasiada velocidad.
Una vez levantado el cadáver, recogida la máscara que afortunadamente estaba intacta así como sus objetos personales y realizadas las fotos al cadáver, Elena regresó a la ciudad, no sin antes buscar acomodo a sus padres en casa de unos vecinos, pues su casa había quedado bastante dañada. Al día siguiente fue interrogado el testigo que reconoció de inmediato la máscara, dándose el caso por cerrado.
Elena seguía pensando en el caso y dejándose llevar por su intuición, la cual había ayudado a resolver unos casos y a desatascar otros, y por la que era muy apreciada por compañeros y superiores. Pidió permiso a su jefe para seguir investigando ya que había cosas que no le cuadraban.
Acompañada de Alberto, “su hacker favorito”, fueron al piso de la víctima y mientras ella registraba mesitas, armarios y allá donde creía que podría encontrar algo que la ayudara, Alberto se dedicó a destripar su ordenador. Elena se llevó para revisar una agenda, varias cartas, un móvil y una carpeta con facturas. Alberto había descubierto que la víctima era un asiduo de los juegos on line—casinos, bingos, apuestas etc.—en los que como todos los que juegan había perdido bastante dinero, pero hacía unos dos meses que ya no jugaba; mas o menos dejó de jugar cuando comenzaron los robos en los pequeños pueblos de la montaña. Esto tenía mosqueada a Elena y estaba plenamente convencida de que había que tirar del hilo. No era una frase original, pero era de las que mas le gustaba.
Tras comprobar todas las direcciones y preguntar a todos sus contactos telefónicos, llegó a la conclusión de que estaba fracasando a no ser que sacara algo de la única dirección que había en su agenda y que no conseguía averiguar nada de ella.  Le encomendó a Alberto que buscara en internet para ver si él tenía más suerte, y muy a su pesar encontró poca cosa. Era una mansión situada en medio del bosque y de la que apenas sabía casi nada el “Señor Google”. Conociendo a Elena es evidente que tanto misterio fue un acicate para seguir investigando.
Acompañada de dos compañeros, y con un equipo fotográfico de última generación, se pusieron en marcha. A medida que se acercaban al destino, aumentaba también la sensación de peligro; así que decidieron aparcar su todo-terreno en una senda cercana y continuaron a pie. De pronto apareció en medio del bosque un gran claro, donde estaba situada una gran mansión, y una docena de coches aparcados fuera, eso sí, ninguno al alcance de la mayoría de los mortales. A ese lugar había que ir sabiendo donde se iba, ya que la carretera acababa en ese lugar. Elena pensó que su intuición había vuelto a darle la razón y que esta vez, el que estaba a punto de picar el anzuelo iba a ser un pez muy gordo. Buscaron un lugar desde el cual poder hacer fotos sin ser vistos, e hicieron fotos de coches, matrículas, la casa y, debido al buen equipo que llevaban, de varios de los personajes que estaban dentro y que podían ver a través de los grandes ventanales que la mansión tenía. Se fueron con el mismo sigilo con el que llegaron, y apenas hablaron por el camino, pero el pensamiento de los tres, era de que habían conseguido un material de mucho valor. Dejaron en comisaría el material fotográfico y se fueron a casa a descansar.
Tras un par de días sin noticias, a la tercera mañana fueron llegando teletipos, de policías norteamericana, de Europa del este y de otros países europeos, en los que hablaban de jefes de cárteles de droga, de mafiosos, de vendedores de armas y de políticos, sobre los cuales habían ordenes de búsqueda. Parece ser que se reunían en aquella mansión para hacer negocios, y como fin de fiesta organizaban partidas de cartas donde se jugaban grandes cantidades de dinero. Tras una macro-operacion conjunta de policía europea y americana atraparon a toda la escoria que con cierta periodicidad allí se reunía.
El buen hacer de Elena fue reconocido en forma de ascenso y, por supuesto, aumento de salario, que le ayudaría a reconstruir la que con los años sería su nuevo hogar.
¿Que relación tenía un don nadie, como era el fallecido, con aquella gente? ¿Visitaba la mansión para jugarse el dinero que robaba? ¿Qué habría ocurrido si el padre de Elena no se hubiera ido de la lengua? ¿Y si Elena no hubiera tirado del hilo?
A todas estas preguntas contestaré, si me llega la inspiración suficiente, como para seguir con la historia.
Trainer
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5 respuestas a “Tirar del hilo

  1. Elena balado 7 mayo, 2018 / 2:51 pm

    Jose Angel, ya estoy esperando otro capitulo de la novela…… Me ha gustado y sobre todo que la protagonista se llame como yo.

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  2. Amparo 7 mayo, 2018 / 5:13 pm

    Me ha gustado mucho tu relato.Gracias a Elena encontraron el lugar del “cuerpo del delito”.Ojala se terminara pronto tanta delincuencia.Y podamos vivir tranquilos.Gracias Jose

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  3. Manuel Cañadas 7 mayo, 2018 / 8:58 pm

    Ya me estas intrigando.
    Interesante personaje.

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  4. Elena Martínez 8 mayo, 2018 / 6:41 am

    Bravo, por ti, por favor continúa con la historia, quiero saber como acaba, esa Elena es lista eh!!!

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  5. Pablo Magnieto 9 mayo, 2018 / 5:08 am

    ¿ Un futuro Dashiell Hammett? Änimo.

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