Recuerdo de mi infancia

braiding-2027488_960_720

Estoy algo cansada y quiero irme a jugar; me duele el cuello por la postura y ella me dice:

 – Ya falta muy poco.

Alcanzo las puntas de la toalla que llevo sobre los hombros y las acerco a mi cara.

– ¡Me pican lo ojos!

Lo que pica, cura. Contesta.

Es por el vinagre mezclado con agua, que vierte sobre mi cabeza en el último aclarado. Ella dice que fortalece y da brillo; desprende un olor característico y esto es la señal de que ya ha terminado y podré levantar la cabeza de la pila, donde ella acostumbra a lavarnos el pelo a mis hermanas y a mí. Pero es sólo una parte del suplicio. Ahora queda una segunda, la de desenredar y hacer las trenzas. En mi intento por escapar de aquel peine, que se entrelaza entre mi pelo, dando tirones a su paso por cada nudo, salen de mi boca varios quejidos:

– ¡Ay, ay!

 A lo que mi madre responde:

– “Si hay mucho, guarda para cuando no haya

Es una de esas frases de ella que, como tantas otras, dictaban sentencia, sin dejar lugar a rebatir absolutamente nada.

Pero  ¿está ya?

-Estallará .Contesta.

Sigue peinándome, intentando que las púas del peine se deslicen sin encontrar tropiezos a su paso. Yo frunzo el ceño en señal de desaprobación, pero sigo allí esperando que se acabe mi tortura.

-Siéntate un “ratico” al sol.

Así hablaba mi madre, con ese deje de mi pueblo, medio murciano y con alguna influencia del valenciano; creo que era lo que más me gustaba de todo aquel proceso de higiene: sentarme en la puerta de mi casa, en plena calle, en una silla de enea, y al sol.

Una vez desaparecida la humedad excesiva, mi madre procedía a hacerme las trenzas, anudando un bonito lazo en los extremos. La destreza de sus manos era tal, separando y entrelazando los mechones, que me abstraía y siempre admiraba el resultado.

-Ahora cierra los ojos, que te voy a cortar el flequillo. Y no te muevas.

Siento el frío de la tijera sobre mis cejas y me quedo inmóvil. Cualquier pequeño movimiento podría causar un pequeño accidente y soy consciente de ello. Mientras avanzan las hojas afiladas, siento caer sobre mi rostro los pequeños pelos, que su filo va recortando. Me cuesta mucho seguir inmóvil: siento como si tuviera hormigas correteando por mis mejillas, hasta que mi madre sopla sobre mi cara y me libera de esta situación. Por fin respiro. Me miro en el espejo y observo la perfección del corte.

-Ahora vales un duro más. Comenta mi madre, satisfecha de su trabajo.

El tocador donde ella nos peina está situado al lado de la pila, en un rellano a la derecha de la entrada de la casa. Sobre él una botella de colonia, que mi madre compra a granel en la droguería del pueblo, descansa sobre el mármol. Puedo leer, Heno de Pravia: es la favorita de mi madre; ella coloca sobre mi cabeza unas gotitas y me dice que ya me puedo ir a jugar.

Voy corriendo a por mi cajita de cromos: es mi pequeño tesoro. Cojo un trozo de pan con chocolate que mi madre me ha preparado y me voy a la plaza del pueblo, donde cada tarde las niñas de mi edad, nos reunimos para jugar. Mi colección de cromos no es de las más grandes, pero estoy orgullosa de cada uno de ellos. Algunos son casi únicos. Hoy jugaré con mi amiga Irene: ella tiene algunos ejemplares que acaban de salir. Espero ganarle alguno, aunque ella es muy buena jugadora.

-No te hagas tardía y ves por la “ baldosica” (acera).

Así se despedía ella siempre que yo salía de casa.

Nieves Bejerano

Anuncios

10 respuestas a “Recuerdo de mi infancia

  1. fernando valles 16 mayo, 2018 / 7:46 pm

    me has recordado, a mi hermana pasando ese “Suplicio” muy bonito Nieves

    Me gusta

  2. Elena Martínez 20 mayo, 2018 / 8:24 pm

    Que recuerdos, mi madre también me ponía vinagre, aunque como era la pequeña de 4 hermanas me peinaban ellas y no me hacían trenzas, que no me gustaban nada

    Me gusta

  3. Elena balado 21 mayo, 2018 / 1:39 pm

    ¡Cuántos recuerdos!… yo también he compartido esas experiencias y siempre junto a mi hermana.Se lo he hecho leer y le han caído dos lágrimas. Muchas gracias Nieves.

    Me gusta

  4. Manuel Cañadas 23 mayo, 2018 / 7:37 pm

    Encantadores recuerdos, relatados de maravilla.

    Me gusta

  5. Jtrainer 24 mayo, 2018 / 5:47 pm

    Bonitos recuerdos y muy bien descritos.

    Me gusta

  6. Amparo 26 mayo, 2018 / 10:01 pm

    Me ha gustado mucho Nieves.Las madres siempre tan acertadas y perfectas.Son lo mejor.Tengo la fortuna de disfrutarla todavia.Me ha traido muchos recuerdos.Gracias

    Me gusta

  7. María Dolores 2 junio, 2018 / 10:58 pm

    Bonitos recuerdos

    Me gusta

  8. Nieves Bejerano 6 junio, 2018 / 12:41 pm

    ¡Gracias a todo/as!…me alegro que os gustara.

    Me gusta

  9. María José 10 junio, 2018 / 10:00 pm

    Muy bonito Nieves, esos recuerdos de infancia, esos olores que nos transportan…….muy bien descritos!

    Me gusta

  10. María del Mar 11 junio, 2018 / 8:04 am

    Qué bonito relato Nieves…

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s