Tres días y más

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Aterrizo en el aeropuerto de Ibn Batouta después de un maravilloso vuelo. Me han dado ventanilla. A mi lado no había nadie y el tercer asiento lo ocupa un hombre, bien vestido, con rasgos árabes, muy amable y que habla bastante bien el castellano.

– ¿Vuelas sola?

– Si… —Menos mal que vienen a recogerme, pienso.

Hemos  volado  bordeando la costa, a baja altura y en un día muy claro con lo cual he podido ver todo el relieve terrestre desde Barcelona a Ceuta. Una verdadera gozada. ¡El Delta! ¡Qué bien se ve Peñíscola! ¡Esto es Castellón!…

En el aeropuerto el martirio de la aduana. Una voz me saca de mis pensamientos. “Ven conmigo, será más fácil”. Sin pensar, obedezco a mi compañero de vuelo y entonces se presenta: “Soy Kassim, sígueme, saldremos en unos minutos”. Así fue: pasamos a una taquilla diferente y después de rellenar la ficha de entrada al país y enseñar mi pasaporte, con toda la amabilidad del mundo, nos dejan pasar. Le doy las gracias y vamos hacia la salida. Tánger me recibe con la primera sorpresa: escuchar la llamada a la oración del almuédano que se repite, como un eco, desde varias mezquitas produciendo, al oído, una estereofonía múltiple que me eriza toda. ¡Bien empezamos! ¡Vaya recibimiento! Veo a mis amigos Fatiha y Abdel y, en ese momento, recibo otra sorpresa: Kassim es el primo de Abdel en una familia toda de mujeres.

Compartimos coche sin parar de hablar. Nos llevan a Tetuán y, sin perder tiempo, nos adentramos en la Medina. Me sorprende, una vez más, la mirada de sus gentes, los colores, olores, sonidos, toda ella y me siento dentro de la película “El Tiempo entre Costuras”. He venido para una boda que por aquí duran tres días con un ritual muy rico y variado y una gran carga emocional. Me integran, como una más, desde el primer momento y participo en todo a su manera.

El primer día, de la Purificación, empezamos a cocinar con la primera oración. ¡Cuánta verdura lavé y corté! Más tarde, tejimos dos guirnaldas de flores que hicimos con papel de colores y adornamos con toldos, rojos y verdes, y alfombras la terraza de la casa de la novia. Todo esto con mujeres de todas las edades tocando tambores y cantando alrededor de la novia que, inmóvil en medio del jolgorio y sentada en una especie de trono, lo contemplaba todo. Me impactaron sus “gritos” de júbilo con la lengua e incluso me enseñaron cómo se hacia. Terminamos a mediodía colocando una de las guirnaldas de flores en un mástil que pusimos en la parte más alta de la casa: es la señal de que hay una boda. El otro collar se lo ponen las amigas de la novia en la testuz a una vaca que es paseada por todo el barrio por los amigos del novio acompañados de música tradicional marroquí. ¡Qué rítmico y colorido!

Por la tarde, las mujeres más próximas a la novia junto a sus amigas, nos vestimos con túnica y pañuelo blanco y, a modo de pasacalle por toda la Medina, nos dirigimos al Hamman (baños) acompañadas de música. Me pareció como una despedida de solteras en un balneario. ¡Qué lujo!… un gran patio con fuentes espectaculares, mucha decoración árabe, agua que emana por todos  lados, mosaicos, piscinas, muchas flores, vapores, olores, tumbonas, y té con hierbabuena. Reviví mi niñez cuando mi madre me bañaba y me impregné del olor tan peculiar del negro jabón con el que nos frotábamos unas a otras. Todo acompañado de cantos para alejar los “yenun” y muchas risas.

¡Me sentí la princesa del cuento!

El segundo día es el de la Protección y Prosperidad. Empezamos cocinando couscous y arreglando el salón de la casa donde se realizaría la ceremonia de la Henna. La novia, toda vestida de blanco, y nosotras, sin zapatos y con trajes de fiesta. Sientan a la novia en un trono y su madre le presenta un cirio blanco donde se escribe con henna el nombre de la novia y se le hacen símbolos de protección. Luego es la madre del novio quien lleva otro cirio blanco en el que se escribe el nombre del chico y se hacen símbolos de prosperidad. Cantan una canción que me emociona. Son peticiones para el bien del matrimonio y mientras, a Shijam, la novia, le van pintando manos, piernas y pies con la pasta  negra. Me maravilla la destreza y rapidez de Ikram en realizar los dibujos geométricos y florales con la jeringuilla de henna sin equivocarse una sola vez. Más tarde seriamos las invitadas las que pasaríamos por el ritual. Tuve las manos y los pies pintados más de un mes. Al anochecer subimos  a la terraza que habíamos montado el día anterior y allí recibimos a la novia con el primer vestido de la noche, en color fucsia, de princesa árabe con unas impactantes joyas. Fue su hermana quien le cantó poniéndole henna dentro de las uñas y en la palma de las manos para que sea fecunda. Nos sirvieron un té delicioso y bailamos más de una hora esperando el segundo vestido, un kaftán dorado y bordado en rosa más espectacular que el primero y fueron su madre y su abuela materna quienes entonaron una canción de despedida. “Ya no dormirás en tu cama de niña…” “ya no te trenzaré el pelo…” Lloré mientras me traducían cada estrofa: es un canto desgarrador adaptado a cada novia, intimo y al ritmo de un Darbuka (tambor de cerámica y piel). Cenamos allí mismo ensaladas de verduras, couscous y tajine de pollo, con las manos y acompañado de su pan como tenedor. Luego empezó un disc-jockey (por supuesto mujer) y, a pesar del cansancio, bailé de lo lindo. Sobre las 4 de la mañana empezaron  todas a “gritar” y fue la señal de que empezaba otro ritual, el Rapto. Los amigos del novio simulan robar a la novia y la ponen dentro de una gran jaula de madera que suben y atan a un burro tapándola con una sábana blanca primorosamente bordada. Se forma un gran jaleo. Una mano me toca pronunciando mi nombre, me sobresalto y al volver la vista me encuentro con Kassim que me va explicando toda la ceremonia hasta llegar a la mezquita. Allí se canta una oración en acción de gracias y luego se pasea, bailando, por todo el barrio. ¡No sé cómo pueden aguantar allí dentro encogidas! Amanecía cuando llegue para acostarme y aún faltaba otro día.

La celebración del último día empezó a la caída del sol, con la llamada a la oración desde el alminar de la mezquita. Un atardecer rojizo que me trajo una mezcla de sensaciones. Estaba muda de asombro por esa repetitiva melodía que lo inunda todo y por un sol bajo reflejado en las piedras del viejo recinto, a orillas del mar, donde nos encontrábamos. Mi vestido, el ambiente, los sonidos, los colores de la tarde, el olor a mar y a jazmín me hacían estar en otra dimensión. Los novios entraron, por fin juntos, ella con un kaftán granate con capa bordada, un collar enorme y una rica diadema. Él con chilaba corta, pantalón bombacho, babuchas y sombrero rojo marroquí. Se sientan en el trono y es el momento en que las  amigas le bailan la danza típica de la región, el “baile de la cosecha”. Se van los novios a cambiar de vestido y nos sirven un delicioso té de hierbabuena con un plato de pastas que luego te llevas a casa para el desayuno. El segundo traje es un kaftán de pedrería blanco acompañado de una tiara y es el  momento de “Bailar a  la novia”. La sientan en una especie de peana y, al ritmo de timbal y trompeta la pasean, bailándola, por toda la sala. ¡Parecía una Virgen en el trono ! Bailamos y nos sirven dátiles. Tercer traje, un maravilloso sari rojo bordado con perlas blancas. Nos hacemos fotos y pasamos a cenar: ensaladas de verduras, garbanzos con ternera, cordero al horno, pollo con especias y un flan con frutas. Eran las 3 de la mañana.

Por fin salen vestidos de novios, como aquí y empieza la despedida con otro bonito rito. La madre del novio le ofrece a su hijo un vaso de leche y un dátil y este se lo ofrece a la novia. Ella se lo bebe y come. El novio la besa en la frente al igual que su suegra y, a partir de ese momento, la novia pasa a formar parte de la familia del novio. La novia va besando, una por una a sus tías, amigas, abuelas, hermanas y por último a su madre. La suegra le pone un manto blanco por la cabeza a modo de capucha. Salen a la calle y se van en coches, con los amigos, a dar vueltas por el pueblo hasta que amanece.

El viaje de novios consiste en ir, junto a la familia, por los bonitos pueblos que hay alrededor. Con ellos visite Chaouen, el pueblo azul; Arcila, el pueblo verde, Esauira, Tánger y Casablanca, desde donde volé a Barcelona. Me hicieron sentir siempre como en casa y pude vivir, en primera persona, rituales reservados a la familia. Me traje más de 1500 fotografías y muchas ganas de volver. 

Elena Balado

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9 respuestas a “Tres días y más

  1. José Vicente Almela Saporta 23 mayo, 2018 / 6:13 pm

    Muy bien redactada la experiencia……Ahhhh!! No te conocía sin gafas.

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  2. Manuel Cañadas 23 mayo, 2018 / 7:35 pm

    Una experiencia apasionante, vivida en directo, con sabores, olores y colores, un edén para los sentidos.
    Como siempre eres como un aire fresco.

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  3. María Dolores 23 mayo, 2018 / 9:55 pm

    Muy bonito una gran experiencia

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  4. Jtrainer 24 mayo, 2018 / 5:44 pm

    Querida amiga ya te lo dije una vez, que eres una caja de sorpresas. Espero estar contigo en la UJI muchos años para seguir descubriendo más sorpresas. En cuanto al relato me ha parecido muy bonito y tan bien escrito que me has trasladado a esas tierras del norte de África. Enhorabuena.

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  5. tere 25 mayo, 2018 / 6:38 am

    Es extraordinario el conocer otras culturas, muchas veces nos sorprenden.
    Me alegro que te lo pasaras tan bien. Besos

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  6. Pedro Ivars Sabater 3 junio, 2018 / 9:17 am

    ¡ Qué bonito Elena ! Es una experiencia única que no olvidarás nunca seguro.
    Muy bien descrito, nos transportas a ese momento y lo vivimos contigo.
    Enhorabuena

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  7. Elena balado 4 junio, 2018 / 3:25 pm

    Gracias a tod@s, fue una experiencia maravillosa que repetiré , si no pasa nada, en Abril de 2019.Hay que conocer el país y a las personas, es una cultura impresionante a pesar de “todo”.

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  8. María José 10 junio, 2018 / 9:53 pm

    Qué experiencia tan bonita Elena, una suerte poder vivirla, lo describes tan bien y con tanta pasión que contagias.
    La foto es preciosa y tú estás muy guapa.
    Shukraan

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  9. Elena balado 13 junio, 2018 / 8:22 pm

    Shukraan, masa´ul jair , María Jose.

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