Karamazov

dostoievski_fotografia.jpg

 “…si Dios no existe, todo está permitido.”
(Fiodor Dostoievski, en boca de su personaje Iván Karamazov).

 

Los recientes comportamientos de algunos de nuestros representantes en el Congreso de los Diputados y de algunos de los miembros del Gobierno me parecen osados y temerarios: bárbaros. El Diccionario del “Institut d’Estudis Catalans” en su segunda edición (DIEC2)  define el adjetivo bárbaro como aquello “hecho con ignorancia grosera de las reglas” (lamento tener que reconocer que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española no recoge dicha acepción).

No deberían extrañarme estas conductas a la vista de algunas de sus declaraciones hechas antaño por quienes deciden “romper la baraja”:

 “Este partido está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones.” (Pablo Iglesias Posse, en el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, 5 de mayo de 1910).

  “El cielo no se toma por consenso: se toma por asalto” (Pablo Iglesias Turrión, en el congreso fundacional de Podemos).

 “Desobedeceremos las leyes que nos parezcan injustas” (Entrevista a la entonces alcaldable de Barcelona Ada Colau, en El País).

Espero que el actual PSOE haya enterrado (?) aquella cita del primer Pablo Iglesias. Que la recuerde, si fuera necesario, para conjurar el riesgo de la barbarie. Las otras dos citas, la del otro Pablo Iglesias y la de Ada Colau son, por ser más recientes, motivo de preocupación. Me suenan a entrada de elefante en cacharrería.

En un mundo en el que la especie humana ha conquistado el equilibrio social gracias a “la elaboración de reglas y leyes morales, como respuesta a la detección de desequilibrios que hacen peligrar la vida del grupo y la de los individuos” ser espectador de su quebranto me produce melancolía, quizás rabia. La acción directa de aquellos que anuncian su desprecio por las reglas del juego, reglas que han usado para ocupar sus actuales lugares, resulta, cuando menos, inquietante.

Espero que los gobernantes usen con responsabilidad el mandato que han recibido de los ciudadanos y que utilicen con rigor semántico y sintáctico ese prodigioso instrumento que es la palabra. Librémonos del “neolenguaje”: ¡el Gran Hermano está entre nosotros!

¡Espero que sean, recordando el maravilloso discurso de Fernando Delgado en las Corts Valencianes, hombres de palabra!

Guillermo García Gasulla

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s