La coraza

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La coraza es parte de una armadura, hecha para protegerse de ataques. Puede estar fabricada de productos diversos, desde hierro, cuero fortalecido, mimbre, etc. ¿De qué está hecha tu coraza?

La presente historia, si bien es real, intenta proyectar el toque inocentón de un niño. Pero no es un niño normal:  tampoco uno cualquiera. Es más bien ese niño que se ve privado de repente, y sin saber el porqué, de su coraza, su fortaleza. No es un búnker, sino una fortaleza, un castillo fuerte, como cita el famoso himno 400 de Martin Lutero: “Castillo fuerte es nuestro Dios. Defensa y buen escudo; con su poder nos librará…”.

Torre infranqueable son esos brazos que te sujetan a pesar de los vientos huracanados y de las lluvias torrenciales, esos brazos seguros que te arropan, que te dan calor cuando te estremeces de frío, esos brazos en los que te echas a dormir en los momentos que ya estás rendido de cansancio, con la seguridad de saber que no te dejarán caer. Que te acarician al mismo tiempo que te cubren la cara con sus manos, y con la yema de sus dedos te transmiten todo su amor. ¡Cuánta ternura conlleva esos instantes!

En el transcurso de ese viaje encontré fantasmas que me perturbaron, gritos nocturnos que me despertaron y sombras gigantescas que piensas que te van a devorar. Buscas refugio dentro de las sabanas, dejando solo un ojo para ver por dónde te vienen. Se producen sonidos jamás oídos que te sobrecogen en medio del feliz sueño. Tienes repentinas humedades nocturnas producidas por el miedo, pero que tienes que silenciar para no ser la risa, al despertar al día siguiente.

Y lo más triste es que aquellos brazos que te transmitían seguridad no iban a poder cobijarte, ni callar el llanto, ni dar solución de inmediato a las miles de preguntas que te invadirán por estar en un entorno totalmente desconocido y frío de amor.

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Pero esta historia, si bien real como he dicho en el principio, tampoco pretende causar lástima. Es tan solo una historia más, como tantas otras habrán; pero ésta no pretende describir al ser más infeliz de los niños. Nada más lejos de la realidad.

También quiero hacer hincapié sobre el hecho de que no debéis hacer un seguimiento cronológico de los pasajes relatados: ya sabéis que nuestra mente no nos recuerda todo seguido, sino más bien va soltando pinceladas de aquellas escenas que más impactaron en su momento. Así que, dicho esto, iréis leyendo pasajes que luego os remitiré a otros de años más tarde o anteriores, pero que están todos entremezclados, pero vividos.

Quiero rendir un homenaje a esas mujeres que se ven en una situación desesperada. A esas mujeres trabajadoras, que no tienen ayuda social o, si la tienen, les llega tarde. A mi madre le prometieron muchas cosas… Pero se quedaron muchas en el olvido.

Un homenaje a tantas familias que luchan para dar una mejora de vida a sus hijos/as, pero no pueden por diferentes causas; otras que se ven engañadas por mafias que se olvidan del valor de la palabra y engañan en pos de un lucro sucio. Tabién a esas personas que, aún en riesgo de perder sus vidas, son audaces y se lanzan a cruzar mares, poniendo en peligro sus vidas.

 

ESCENARIO

Para poder entender mejor esta historia, y situarnos en materia, diré que estamos en el Castellón del año 1949, con poco más de 60 mil habitantes: una ciudad bien tranquila y amante de su historia y costumbres. De profesiones un tanto diversas, pero abunda en gran cantidad la agrícola, con naranjos que nos perfuman de su aroma de azahar.

También está su puerto marítimo con sus embarcaciones de arrastre que nutren a la población y parte de la provincia de sus tesoros más exquisitos.

En esa ciudad tan idílica y pintoresca, y fruto del amor de una pareja, al cabo de un corto tiempo nace “Paquito”. Todos contentos: el primer varón en la familia. ¡Qué contentos! ¡Qué felices!

 

NACIMIENTO

Es el mayor de tres hermanos, espaciados de tres en tres años. Nació en un Castellón de postguerra, como ya se ha mencionado antes, donde el hambre era un bien común en la mayoría de los hogares, en especial en aquellos donde se era del bando de perdedores.

El estraperlo era, por así decirlo, el juego de moda en la sociedad: casi todos lo practicaban, unos más que otros, y casi siempre solían ganar los que más tenían. Aunque se conocía bien el tema, nadie osaba denunciar por miedo a no se qué. Solo sé que los pobres se hacían más pobres y los ricos un poco más ricos. El glorioso movimiento jugaba un gran papel dentro de la sociedad bajo el “palio” de la Iglesia, que usaba el púlpito para atemorizar de demonios rojos y del infierno al que irían todos los que no confesaban lo que se les preguntaba.

 

LA FAMILIA

La madre: nació en Barcelona. María, que así se llamaba, era la mayor de 6 hermanos (5 niñas y un varón). Toda la familia se trasladó desde Barcelona hasta Castellón. Los abuelos maternos eran Antonio y Felicia. Antonio fue militar con Alfonso XIII.

La abuela materna: Felicia, natural de Cartagena, emigró a Barcelona debido a que su padre era un famoso capitán, con su barba y cabello pelirrojo. Surcaba los mares más diversos y tras una de sus travesías hacia Cuba, nada más se supo de él. Así que Felicia tuvo que buscarse trabajo para sostener a su madre.

Buscó trabajo en un taller de costura y bordado: aprendió a bordar y a planchar. En el pequeño taller de un barrio de Barcelona planchaba cuellos de camisa y los almidonaba. Así conoció al apuesto militar de bigotes engomados. Un buen día, ella le bordó unas iniciales en un pañuelo, y poco a poco fueron entablando amistad.

El abuelo materno: Antonio, natural de Murcia, era un apuesto militar, de cuellos almidonados y bigotes engomados. Residía en Barcelona y era viudo. Conoció Castellón al servir en el cuartel de San Francisco, actualmente Plaza del Botánico Calduch. Le pareció un lugar atractivo para vivir, cerca del mar, con el olor embriagante del azahar y gente hospitalaria. Casualidades de la vida, años más tarde se vendría a vivir aquí él y su familia. Tras las contiendas de la guerra del Rif del año 1922 intentó promocionar en su carrera militar, pero los chanchullos ya existían, así que tras ser herido en una mano, lo licenciaron, dándole una plaza de bedel en la Beneficencia de Castellón.

La abuela paterna: Era la pieza clave en la familia (la Mamá, la Matriarca). Nada pasaba sin que ella lo supiese o diera su aprobación. Pequeñita, siempre repeinada, con sus bucles bien marcados y sus andares de “corre que te pillo”, siempre andaba con mucha prisa. Eso sí, intentando controlar todo, (quien entra y quien sale) y los porqués… Tenía un pequeño taller de corte y confección donde enseñaba a cortar y coser a jóvenes de la calle. Su hija trabajaba con ella, convirtiéndose en chica para todo. Resulta gracioso las tablas que usaban para coser, de un metro por sesenta, pero lo curioso era que por delante tenía un semicírculo para adaptarse al vientre de la costurera.

Tuvieron cuatro hijos: Ramón, Paquita (quien falleció a los 18 años por una bronquitis), Rosita, y Paco.

El abuelo paterno: Originario de la Vall-D’Uixó, alto, el pelo ya un tanto canoso, pero según cuentan debió ser de color pelirrojo. Nariz opulenta, con bastantes vasos sanguíneos (fruto del vino) sufría de una lesión en una cadera y pierna a causa de un atropello de un camión: ese accidente le impidió seguir en su puesto de trabajo, dejándole ya sin apenas recursos. Con el poco dinero que le dieron por el accidente, y con la ayuda de su yerno, que era el militar, montó un kiosco de tabacos, novelas de cambio (de Marcial Lafuente Estefanía), periódicos (El Caso), piedras de mechero y bencina y frutos secos (tramusos, chufes y cacaus). La ayuda le vino bien, pues solo daban licencias para poner kiosco o estancos a viudas de militares o conocidos.

El mayor de los tíos paternos: Ramón, muy apañado él, siempre elegante, repeinado al estilo Humphrey Bogart”, el clásico hombre que está acostumbrado a estar entre bares, tiene ese don tan peculiar de escuchar todo cuanto pasa en su entorno; conoce a mucha gente y a él se le conoce también. Se alistó en la Legión Extranjera, y cuando finalizó su contrato, regresó a su Castellón, pero no tenía más oficio que el de limpiabotas. Aprendió la profesión de zapatero remendón y una punta de clavo se la incrustó en el ojo, dejándole tuerto y sin visión, sin más ingresos que los sacaba de limpiar, pues no habían ayudas sociales.

La tía Rosita: Muy agraciada, siempre con vestidos hechos por su mamá, fue la modistilla de la casa como su madre, pues atendía tanto la casa, como hacía la comida y, al mismo tiempo, aprendía a cortar y coser. Y preparándose el ajuar por si llegaba el príncipe azul. Éste no llegó, pero sí se casó con un apuesto Guardia Civil, pues era bajito de estatura pero todo una figura de carácter y genio. No hacía más de un metro sesenta, regordete, con bigotillo a la vieja guardia, de un pueblo de Salamanca, (Vitigudino), el pueblo del famoso torero El Viti. Eso sí, cuando se vestía de militar con sus botas de montar, la gorra de plato, su sable y el bigotillo que me gastaba, era todo un cromo, algo así como Chaplin en “El Gran Dictador”.

El padre: Siendo el más pequeño tuvo que buscarse la manera de sobrevivir en un ambiente de mucho trabajo y de poca atención sobre su educación, pues se debía trabajar muchas horas para poder atender los compromisos de entrega de los vestidos, ya que ello les proporcionaba un buen sustento familiar. Nadie se preocupaba si iba o no a la escuela: los novillos eran habituales en él, aunque siempre sacaba buenas notas, sobre todo en dibujo.

Fue aprendiz de pastelería, (La Pilarica); era tan pequeño que le tuvieron que poner unas cajas de madera para que llegará al obrador. En aquellos tiempos los aprendices entraban bien de madrugada para encender hornos, limpiar todo y estar atentos a las exigencias de los mayores: así estuvo unos años. Aprendió rápidamente los trucos y artimañas que le fueron enseñando los mayores.(cómo comerse los flanes sin quitar la corteza que se formaba: le practicaban un pequeño agujero y por ahí succionaban el contenido).

Consiguió una beca y pudo cursar dos años en Bellas Artes, pero después tuvo que dejarla por falta de recursos económicos y tener que trabajar más horas. Uno de los profesores que le dio clases, fue D. Ramón Catalá.

No tardó en enrolarse en las filas de los mejores pintores de aquel tiempo, pintores artesanos, (Vidal Serrulla, Montoliu, etc.) donde el arte de la imitación era un privilegio de unos pocos. Debían saber imitar tanto el mármol como la madera, pasando por los diferentes materiales así como conocer los pigmentos de las tierras, la “cola de pescado”. Todo eso lo aprendió y lo puso en práctica, siendo en poco tiempo un alumno aventajado, y pasando más tarde a la escayola ya que se tenia que tener nociones de moldeado. Pero en casa no se percataban mucho de su don: él solo estaba contento en poder entregar su sueldo a su madre.

Transcurridos unos años, hubo una apuesta. Ya que él era un buen bailarín, según contaban, los amigos leconminbaron a sacar a bailar a María, la chica que vivía en la Beneficencia con las monjas, el domingo siguiente en la Pérgola. La apuesta era una horchata. Bebió del suculento brebaje todos los domingos siguientes, pues sacó a bailar a María.

Así que, al cabo de un corto tiempo de novios, él finalizó la mili en Paterna. Al ser pintor, los oficiales le nombraron cabo de pintores y se pasó prácticamente todo el servicio militar sin hacer prácticamente nada. Al finalizar el servicio militar y encontrar trabajo, decidieron casarse. ¡Qué felices iban a ser! Por fin solos… contigo pan y cebolla. Al año de casados, fruto de su amor, tuvieron su primer vástago.

Paco Esteve

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One response to “La coraza

  1. esperaf14 3 abril, 2019 / 2:28 pm

    Me ha enganchado Paco, estoy esperando la continuación de la historia.

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