Un bien escaso y necesario

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Hablamos demasiado alto: nos comunicamos a gritos, es nuestra idiosincrasia. Vivimos en una sociedad bulliciosa. Perros que ladran a cualquier hora y parecen no tener dueño, los niñatos que van en motos con escape libre, los gritos de la gente que pasa de madrugada, cohetes o fuegos artificiales a altas horas, el tráfico rodado, etc. La contaminación acústica es un problema de salud pública que está minimizado. Tanto escándalo a nuestro alrededor nos pasa factura porque nos acaba afectando física y psicológicamente.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ruido es altamente perjudicial y uno de los factores medioambientales que provoca más alteraciones en la salud, después de la contaminación atmosférica. Muchos de los problemas que conlleva están relacionados con la pérdida de audición, aunque muchos otros se atribuyen a factores psicológicos (estrés, ansiedad, irritabilidad, depresión…) así como fisiológicos (alteración de la frecuencia cardíaca y respiratoria, afectaciones de sueño, partos prematuros…). Sin embargo, el problema principal es que nos hemos habituado a soportar el ruido, y lo más grave, también nos hemos acostumbrado a generarlo.

El ruido se mide por decibelios. Siguiendo con la OMS, casi el 80% de los que habitan en ciudades modernas, soportan niveles excesivos de ruido. La OMS considera ruido cualquier tipo de sonido superior a los 65 decibelios durante el día y 55 decibelios durante la noche. Uno de los principales factores es el tráfico, también tener cerca algun local de ocio nocturno, o una zona industrial, aeropuerto, tren, etc. En Europa, una de cada cinco personas está expuesta a niveles de ruido de tráfico superiores a los límites establecidos.

¿Qué nos ocurre cuando nos reunimos con otras personas? Pues que nos sentimos incómodos si los momentos de silecio se alargan, por eso hablamos solapándonos unos a otros y subiendo el tono de voz como si de esa manera tuviésemos más razón. Callar cuando toca y hablar en el momento oportuno es un arte. ¿Existe remedio para esta sociedad del ruido y la furia constante? Científicos a la orden del dr. Luciano Bernardi, en una investigación para descubrir cuál era la música que producía mejor relajación en los sistemas respiratorios, cardiovascular y cerebral, se llevaron una sorpresa: descubrieron que todos los sistemas mejoraban durante las pausas de dos minutos que se realizaban entre las músicas. Lo más eficaz era… el silencio. ¿Y por qué? Porque nos predispone a los beneficios de una vida reflexiva. El silencio, un bien escaso en nuestra sociedad, es imprescindible para una mente sana, nos hace reflexionar y dejar que la experiencia se manifieste a través de los sentidos, escuchar el pensamiento, mirar alrededor y además es bueno porque regenera las células del cerebro.

Os cuento otro experimento: según relata la revista “Cuerpo mente”, un instituto de enseñanza media en un barrio conflictivo de San Francisco (EEUU) inició un proceso de silencio de un mes con sus alumnos. Debían parar cualquier actividad y sentarse sin hablar tres minutos. El resultado fue que disminuyeron los casos de violencia en las aulas y que, a partir de entonces, un silencio de cinco minutos se ha instaurado cada día. ¿Y si nuestros políticos parasen en el senado o el congreso y meditasen por tres minutos?

Los mediterráneos somos escandalosos por naturaleza, celebramos los acontecimientos familiares y públicos con tracas, cohetes, bocinazos, silbidos, gritos… Es habitual que en una fiesta ya sea pública o privada la música rebase los decibelios tolerados. La necesidad de vivir ensordecido que hemos creado los seres humanos es uno de los síntomas reveladores del miedo.

Recuerdo que en mi visita a la torre Eiffel, a la entrada esperábamos el turno grupos de diversas nacionalidades: ingleses, alemanes, italianos, polacos, etc. pero a los que más se les oía era, os podéis imaginar, a los jóvenes españoles diciendo obscenidades. La misma historia se repite cuando te los encuentras en otros lugares del mundo. ¡Tierra trágame!

Un ejemplo de ruido insoportable, las fiestas de mi barrio hace unos días: empieza con los altavoces que solo cesan a mediodía y siguen por la tarde y la noche. Antes de las seis de la tarde un camión distribuye la arena para el toro, una fiesta de bárbaros. Una traca antes de salir el animal y la charanga que anima el ambiente, estos sonidos estruendosos reverberan en el cajón donde permanece aterrado el astado. ¿Todas estas estridencias son para amilanar a la “bestia”? O… ¿son tan insensibles que no han pensado en ello? Se acaba el evento, un niño se divierte machacando insistentemente el cajón metálico o mejor llamarle ataúd, desde donde ha salido el toro. Por la noche le colocan las bolas de fuego en las astas para espantarle y que los jóvenes sientan la adrenalina en sus venas gritando hacia la barrera, a la madrugada finaliza el deplorable espectáculo. Operación inversa a las 6 de la mañana, recogida de la arena y toda la basura que han dejado, la agrupan con el ventilador y la máquina de barrer que compiten en decibelios y si por fin habías cogido el sueño, se acabó. Otro día, una discomóvil en la calle con la música muy alta hasta las 6.30 de la madrugada, con la connivencia del ayuntamiento, después viene el paso de los jóvenes borrachos hacia casa, hablando a gritos, los coches con la música a tope. De nada sirven las ventanas dobles ni tapones a los oídos, con ese panorama se acabó el dormir. Más tarde voy a la piscina y la música gritona me persigue: “Los 40 principales”, cuando lo único que deseo es silencio. Difícil lo tengo. Reconozco que cada vez me molestan más los ruidos, tendré que cambiar de país.

Las autoridades españolas son muy permisivas en cuanto al ruido, no en vano estamos entre los diez países más ruidosos en la lista mundial. Las fiestas se celebran en la calle y se tolera todo, el que protesta está mal visto porque no aguanta. Es curioso lo que ocurre en nuestro país, la tolerancia al derecho al ruido, música alta, gamberradas… debe prevalecer sobre el derecho que todo ciudadano tiene al descanso, al silencio en su casa. Aunque existe una legislación sobre los ruidos, a la hora de aplicarse son muy laxos.

William Shakspeare dijo: “ES MEJOR SER REY DE TU SILENCIO, QUE ESCLAVO DE TUS PALABRAS”.

Imma Vicent

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18 metros

Rómulo 1

Rómulo es un rinoceronte cuya historia comienza en Inglaterra, donde nació en un zoo y donde posteriormente fue vendido a un circo ambulante. Con once años fue adquirido por el Zoo de Valencia, que entonces estaba en el Parque de Viveros. Durante los 23 años que vivió allí, pasó los días dando vueltas en círculo, en el pequeño recinto de 18 metros de diámetro y suelo de cemento en el que vivía.

Cuando inauguraron el Bioparc, Rómulo fue trasladado allí. Era un recinto mayor y más bonito, con suelo de tierra, vegetación, cascadas de agua y donde podía estar en contacto con otros animales. Pero traía consigo la estereotipia adquirida en su anterior morada y continuaba dando vueltas en un círculo de 18 metros, incapaz de romperlo.

Pasados unos años y tras comprobar que no superaba el hábito adquirido en su primer recinto de Viveros, fue vendido a un parque en Castillo de las Guardas (Sevilla). Finalmente, después de 9 años de su salida de Viveros y tras llevar 2 años en su nuevo hábitat sevillano, con el cuidado de los veterinarios, Rómulo ha superado su trauma y se mueve por toda la finca del parque, donde convive en semilibertad con otros animales, en un espacio muy amplio de 230 hectáreas, con bosques y hasta una charca donde puede bañarse. Dicen que se le ve feliz.

¿Alguno de vosotros también encuentra similitudes entre la historia de Rómulo y su propia vida?

Os tengo que confesar que yo a veces, bastantes veces, veo mi actitud reflejada en la estereotipia de Rómulo. Aunque estoy jubilado siento una especie de inercia que me empuja a hacer las mismas cosas de siempre.  Mi manera de pensar, de analizar la realidad, está demasiado marcada por los años ya vividos y mis horizontes están limitados a lo ya conocido, donde me encuentro tranquilo, sin sorpresas.

Mi circulo de 18 metros.

Tal vez la educación recibida, seguida de la vida laboral, con tantos años sujeto a un horario, a unas responsabilidades y unas prioridades, donde el horizonte era resolver el día a día, sean las causas de una especie de barreras invisibles que me hacen vivir en un círculo muy reducido, del que me cuesta salir.

Sin embargo, soy consciente de que el espacio en el que puedo moverme ahora es mucho mayor, tengo mucho más tiempo y las responsabilidades se han reducido a la mínima expresión. A pesar de ello tengo que hacer verdaderos esfuerzos para poder utilizar el espacio de libertad recién adquirido y caminar hacia los nuevos horizontes que se me han abierto. Solo deseo no tener que esperar 9 años, como Rómulo, para poder hacerlo con naturalidad.

JAMN

 

 

 

Hogar

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Vivían en el centro de la ciudad con varias familias, junto con los abuelos paternos y los tíos. En aquel tiempo el tío estaba en un pueblo de la provincia de Huesca, pues al ser de la Benemérita le tocó quedarse por un tiempo allí, por causa de los maquis… (no sabía muy bien qué era aquello), pero él tenía reservada la habitación de matrimonio en el piso. Y cuando venía de permiso nadie podía hablar muy fuerte, “no fuera que se despertara”. 

Otra de las piezas del piso era la cocina: en ella se comía y se desayunaba. Tenía en un rincón un pequeño apartado, el wáter, que todos compartían ya que solo había uno. Tenía una tabla donde sentarse; se levantaba una tapa, y ahí aparecía un agujero oscuro y sobre todo mal oliente. Parecía que, cuando te sentaras, subiría una mano y te cogería. Tú te sentabas y hacías tus cositas y, después, con un trozo de papel de estraza (ése de envolver los productos de la tienda), cortaditos todos por un igual, perforados con un alambre, colgados de la pared, hasta que alguien estiraba uno, limpiabas como podías.

Al comedor se accedía desde la cocina por medio de un pequeño pasillo; tenías dos habitaciones a la izquierda, la de los abuelos y la de mis tíos. Por fin llegabas al comedor, pero no se usaba ya que era solo para las grandes ocasiones. La luz penetraba desde la puerta del balcón del comedor: ventanas acristaladas y madera de mobila. Por la parte blanda de la misma se traslucía la luz del sol, en color rojizo, haciendo pequeños destellos en la penumbra del comedor: entornabas los ojos y deslumbrabas pequeñas figuras en el aire, como si de moscas flotantes se tratara.

Una vez dentro de la habitación, las dimensiones eran muy pequeñas, pero el techo muy alto. En la puerta de entrada, en la parte superior, había un tragaluz, que se abatía para dar un poco de aire a la dependencia.

¡Cuantos recuerdos me transportan a esa habitación!

Paco

¿Prehistoria?

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¿LA HISTORIA SE REPITE?

Se ha dicho desde siempre que la historia se repite. La verdad es que, aunque lo sintamos, es así. Y digo que lo sentimos porque, desde que los hombres primitivos luchaban encarnecidamente por la supervivencia hasta nuestros tiempos, las guerras todavía permanecen en la faz de la tierra. Si somos ahora más inteligentes, ¿cuál es la razón para que sigamos siendo tan primitivos?

A mi juicio, la respuesta es muy simple: el hombre ha agudizado su inteligencia, ha indagado en fenómenos de toda índole, ha inventado, ha aprendido a “volar” imitando a los pájaros, navega por los mares, construye palacios, catedrales impresionantes, monumentos de belleza extraordinaria… Pero, con todo esto, no basta para decir que la humanidad ha avanzado. Es más, parece ser que vamos retrocediendo. Si nuestros ancestros, para sobrevivir, tuvieron que emplear la fuerza y la violencia, era porque su intelecto era limitado. Luego, con el tiempo, la raza humana fue evolucionando, y nacieron hombres y mujeres con una sabiduría innata. Estos sabios enseñaron al resto de los mortales lecciones ejemplares para convivir entre hermanos. Pero también, por otra parte, convivían con la raza más primitiva que no se paraba a meditar sobre lo bueno y lo malo. Estos insensatos luchaban entre “hermanos” sin escrúpulos, los que ganaban se hacían dueños de los territorios conquistados, destruyendo y asesinando al contrario, sólo por arrebatarle las tierras anheladas. El conquistador era venerado, temido y respetado. Estos luchadores llegarían a ser coronados y así, sin más, llegaron a ser “Reyes” y su descendencia serían igualmente venerados (aunque fuesen unos malvados gobernantes). La vida de los súbditos seguía de mal en peor, los fuertes ganaban y los débiles morían. Los sabios predicaban, enseñaban su sabiduría, pero la torpeza del hombre poderoso no atendía a esa filosofía de los eruditos: para ellos la fuerza y el poder era la lucha.

El hombre con el paso de los siglos se ha formado, ha adquirido la sabiduría que tan acertadamente nos legaron los grandes sabios de la historia. Qué duda cabe que ha habido y hay personas dignas de mención, personas verdaderamente ejemplares: santos, científicos, filósofos… Pero, ahí está el pero…, porque siempre prevalece el mal sobre el bien, así que estamos igual, inmersos en la prehistoria. Parafraseando a José María (mi yerno) muy acertadamente dijo: HEMOS MODERNIZADO LA PREHISTORIA. Siglo veintiuno, seguimos igual: guerras, asesinatos, luchas por el poder, por la riqueza… Gente demasiado rica, otros, los más, en la pobreza absoluta. Gente bajo la represión de los fuertes, niños hambrientos, abandonados. Incultura, vicios, maldad, desorden, libertinaje, pérdida de valores, desamor … ¿EN QUÉ HEMOS MEJORADO? ¿PUEDE SER EN QUE YA NO ANDAMOS ENCORVADOS?

Josefina Fabra

Malditas colillas

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Tardaron años en reconocer que fumar es adictivo; concretamente en 1999 Philip Morris, la mayor tabacalera del mundo, manifestó que el tabaco, además de crear adicción, es cancerígeno y causa enfermedades. En cambio, nada se dice de los restos del cigarrillo que acaban en el parque, la montaña, mobiliario urbano, a los pies de un árbol o convirtiendo la playa en un inmenso cenicero y contaminando el medio ambiente. Y no hablemos de los individuos descerebrados que arrojan una colilla sin apagar en la montaña o desde el automóvil y a veces provocan un incendio. Y en el ámbito doméstico, el descuido de fumar en la cama y no apagar el cigarro ha provocado incendios y la muerte de personas.

A partir de la ley antitabaco se prohibió fumar en sitios cerrados y surgieron las terrazas, multiplicándose las alfombras de colillas. Fijaos cuando entréis en la UJI: mirad al suelo y veréis una gran cantidad de colillas esparcidas por todo el campus, sobre todo donde se reúne la gente. Lo mismo ocurre en cualquier otra universidad española. Por desgracia es un mal hábito aceptado socialmente y muy extendido en todo el mundo, con alguna excepción como Japón, Suiza, Singapur… En España es algo natural ver por todas partes colillas, sin que nos cause vergüenza.

En las ordenanzas municipales, está multado lanzar colillas al suelo, igual que tirar basura a la calle. Veamos las penalizaciones en diversas ciudades: en Barcelona, por ejemplo, son 90 €. En Alicante hasta 260 €. París se molestó en calcular cuántas colillas se recogían al año, 350 toneladas de algo que es “biodesagradable”, estableciendo 68 € de multa. En Londres son 80 libras, 93 €, si un agente te ve tirarla al suelo. Y si te pillan en Lisboa, puede salirte muy caro, hasta 1.500 euros de multa, 15.000 euros en el caso de “colectivos”.

El ayuntamiento de Elche (230.600 habitantes) junto con URBASER, compañía medioambiental, han presentado en este mes de abril la campaña de concienciación ciudadana “No tires las colillas al suelo”. El objetivo de esta campaña es hacer ver que diariamente se recogen unas 35.000 colillas, lo que equivale mensualmente a más de un millón. Estos residuos los han depositado en una urna que colocarán en diferentes lugares de la ciudad, como hospitales, centros sociales, playas o ayuntamiento. Bleda, el alcalde, ha manifestado que el mayor incentivo para concienciar a las personas es que vean la cantidad de colillas que se tiran a la calle cada día. Una iniciativa así podría hacerse en esta universidad.

Miquel Garau es un joven creador del movimiento ‘No más colillas en el suelo’. Este mallorquín que ahora vive en Pozlan, Polonia, se dedica a realizar campañas de recogida de colillas. Crear conciencia es su objetivo.

 ¿Qué son las colillas?

Según un informe de “Ocean Conservancy”, las colillas son ya el 13% de los residuos del mundo. Y, además, suponen un mayor riesgo para nuestra salud que nos afecta a todos por varias razones.

Los filtros de los cigarrillos se fabrican con sustancias tóxicas, como hidrocarburos policíclicos, arsénico y otros metales peligrosos. Y por si fuese poco, no son biodegradables (por lo tanto, pueden durar hasta 12 años) y, como son muy ligeras, son capaces de contaminar varios ecosistemas al ser arrastradas por el agua o el viento.

Nos encontramos ante uno de los residuos que más contaminan el medio ambiente. No debemos olvidar que la función de estos filtros es acumular componentes nocivos del tabaco, y estas sustancias se transfieren al suelo, al agua, o donde quiera que las desechemos.

Al año se pueden llegar a tirar en el mundo 4,5 billones de colillas, de las cuales una gran parte acaba en los océanos. Una colilla puede contaminar entre 8 y 10 litros de agua.

Para desecharlas debemos hacerlo en el contenedor gris. En zonas de playa o de campo, los fumadores tienen que tirar las colillas y la ceniza en ceniceros de bolsillo, que siempre deben llevar consigo. Otra práctica muy común es tirarlas al retrete o la alcantarilla, costumbre  no recomendada ya que los residuos acabarán de la misma forma en el océano.

Hace años que disponemos de equipos de limpieza municipales y los propios de otros organismos y, paradójicamente, ha aumentado la suciedad en las calles, parques, etc. porque hay quien se ha tomado al pie de la letra el mensaje de FOBESA: “Treballem per tu” y con su arrogancia e incivismo lanza cualquier cosa al suelo, porque, para él o ella, los trabajadores de la limpieza están a su servicio y lo recogerán: para eso les pagamos. Y así ha aumentado considerablemente la suciedad por todos lados y especialmente las colillas que están omnipresentes.

Si se consiguió lo que parecía imposible: no fumar en lugares cerrados, aviones, autobuses, hospitales, etc. ¿por qué no va a ser posible que los fumadores tomen conciencia de que las colillas sólo se tiran a la basura?

Nadie te obliga a fumar. La colilla es tuya, pero la tierra es de todos. Así que, si fumas, ocupate de tirar  las colillas a la basura. No lo olvides: es tu obligación.

Imma Vicent

Nacimiento de Paquito

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Cuando nació, su madre pesaba 48 kg y él vino a este mundo con 5,400 Kg, así que la pobre María sufrió mucho. Le tuvo en casa, como la mayoría de las señoras de aquel entonces: imaginad el alboroto que se organizó en el piso, pues fue el primer varón en la familia después de dos chicas, Marisol y Paqui, sus primas.

Buscaron a una matrona, que una tía conocía, porque alguien se la había recomendado. Al cabo de unos días vino a conocer a la parturienta. Tomó las constantes a María.

  • ¡Uhm!! Este parto va para largo. Así que tranquilos. ¡Sí lo sabré yo, con la experiencia que tengo! Si pasa algo me llamáis, o venís a buscarme. Ya sabéis donde vivo.

Y se fue para su casa.

Vino el día señalado y fueron en su búsqueda. Toda la familia femenina estaba alrededor de la cama, como si de una fiesta se tratara. Las tías, cada una relatando sus aventuras; las abuelas, compartiendo anécdotas (que una que conoce de dos calles más allá se le murió en el parto, otra que se desangraba…). Y los hombres, que no aguantan ver la sangre ni escuchar esos temas, estaban más nerviosos que unos monos en una jaula, dando paseos en un pequeño comedor, fumando y tomando cafés, llenando toda la sala de humo (no era incienso, sino tabaco de liar). Se podía mascar de espeso que era el ambiente.

La luz tenue era la que da una lámpara de brazos de cristal acabado con una tulipa y las lágrimas colgando de cada uno de los brazos: una bombilla de poca intensidad, pues hay que economizar. Los círculos del humo producidos por los fumadores parecen jugar a intentar entrar en los brazos de la lámpara. Todo esto lo estoy imagino, claro está: como sabéis, la imaginación es gratis.

¡Qué felicidad! Toda la familia, pendiente de María. Ella, por una vez, era la protagonista de la película, nerviosa como es, y al mismo tiempo incomoda por ser el centro de atención. ¡María!

Al cabo de unas horas de puros nervios, suena el timbre de la puerta y regresa la comadrona. Al entrar en el comedor, lo primero que recomienda es que se abra la ventana, ya que hay exceso de humo. Inmediatamente se vuelve a respirar aire fresco de la madrugada. Ella entra en el dormitorio y distribuye el instrumental que llevaba en su maletín redondo de cuero, con su asa y sus pestillos de latón. Va sacando sus instrumentos y los deja encima de la mesita de mármol habilitada para su uso. Da órdenes:

  • Rápido: preparen barreños con agua caliente, toallas y paños limpios. Venga, que esto no espera. Está ya a punto de caramelo”

Y comienza la exploración: introduce su mano y palpa por los costados. Rompe la bolsa de agua, el saco que envuelve al bebé y el cordón umbilical, tras comenzar las contracciones. La mujer introduce un instrumento y empieza el tira y afloja,

  • “Xiquet afora, xiquet cap a dins, Xiquet afora, xiquet cap a dins”,

Parecía que mi María no quería soltar la criatura, o hacia ventosa.  Total, una pelea de fuerza con la comadrona. ¿Os imagináis a la comadrona sentada en la tripa tirando a dos manos? Al final se impuso la experta. Y el pobre crío, más mareado que un pez… (He asociado una imagen de la comadrona con la de una señora bajita, regordeta, con manos pequeñas, dedos regordetes repletos de anillos y piernas amorcilladas. Está encima de la cama, con los zapatos de medio tacón, resoplando y con un ojo puesto en la madre y el otro por donde tenía que salir el chaval).

Por fin decidió salir. La experta comadrona solo resoplaba y decía:

  • ”A mi este no se me escapa, Faltaría más, con la experiencia que tengo.”

Tirando con todas sus fuerzas a dos manos, por fin expulsó al pequeño inocente. Limpió la tripa, la sangre, y le limpió la cara. Vino a este mundo sobre las 5 de la madrugada, con la ayuda de unos instrumentos llamados “fórceps y ventosas”. Así que lo primero que oyeron sus delicados oídos fue:

-“Ese pepino yo no lo quiero: volvedle la cabeza normal.

Esa expresión fue lo primero que oyó de su padre. La cabeza se había deformado y la tenía como un zepelín. Colocó una venda en la cabeza y poco a poco se fue arreglando, volviendo a un tamaño normal y no paso a mayores. Lo entregó a su padre, como si de un balón de rugbi fuera.

¡Qué orgulloso estaba el papá! Fue pasando de mano a mano y al final, el encuentro con su madre, el calor suyo, su voz entre cortada por el esfuerzo, pero como si ese timbre de voz le tuviese grabado en el cerebro. Le producía tranquilidad, paz, confianza. Le acercó su pecho y, como si fuesen dos imanes que se atraen, se conectó de inmediato a esa fuente de vida. Gracias, Dios, por esa madre.

 

Paco

Poema

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Un poema me pidió

hacer el profesor Palmer;

y mi paso por Bachiller

tal petición me recordó.

 

Al castaño del colegio

un soneto hay que hacer

si aprobado queréis tener:

Sor Ofelia sentenció.

 

En que aprieto me veo

en mi afán por aprender.

Espero no sea un suspeso

como en el Bachiller.

AMMS

Capítulo IV – Libro de familia

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Contaba Emilio con diecinueve años cuando acabó la carrera de magisterio. Orgullo de su padre, veía en él a su sucesor. Fueron meses de proyectos. Miguel le dijo que quería ser medico. Sus padres estaban orgullosos y contentos ya que, al igual que su padre había sabido inculcarles la importancia del estudio, ellos no habían sido menos y también lo habían hecho.

—¡Emilio!—Dijo su padre.—En Albaida el curso que viene se jubila el maestro. ¡Podrías presentarte!

—Sí, pero no tan deprisa. A ver si hay algún sitio más cercano—contestó Emilio.

De pronto llegó un telegrama

—¡Sera para mí!.—exclamó Emilio.—Seguramente será de Vicente María.

Lo cogió Emilio, empezando a vislumbrarse unas lágrimas, humedeciéndole los ojos.

—¿Qué pasa, Emilio?

No dijo palabra: le dio el telegrama a su padre, a la vez que no podía contener las lágrimas.

—Mi hermano Modesto ha muerto. 

—¡Virginia¡—Dijo Rosendo, con voz entrecortada—Arréglate, que nos vamos a Valencia.

Virginia, que estaba limpiando las habitaciones y no se había percatado del momento, salió preguntando a qué se debía tanta prisa. Al verlos de dio cuenta de que no habían recibido buenas noticias.

Viendo lo afectado que estaba el marido, le hizo una taza de tila, y se arreglaron para desplazarse a Valencia. Emilio y Miguel también se ofrecieron para ir, y su padre les conminó a darse prisa, para intentar coger el siguiente tranvía.

Dos días estuvieron en Valencia, hasta que le dieron cristiana sepultura. Una multitud de gente acudió al entierro, dándose cuenta en ese momento de lo importante que había sido su tío. Acudieron pintores, artistas y escultores. Modesto había sido un escultor visionario, que había tenido mucha fama, y sus esculturas se habían vendido incluso en el extranjero.

—Padre, permita que me quede, bien en casa del tío Damián o de Vicente María.

—¿Para qué?—preguntó su madre.

—Mire madre: aún faltan varios meses para que se jubile el maestro de Albaida; en casa no hago nada. Sin embargo aquí puedo ayudar al tío Damián en su taller, ya que con la perdida del tío Modesto, seguramente tendrán muchos trabajos pendientes. De todas maneras en dos meses se casará mi hermano Vicente María, tendréis que venir a la boda, y si no estoy bien me volvería con ustedes.

—Que esto no te aparte de tu meta; por otra parte, es loable lo que quieres hacer.

—Descuide, padre.

Emilio se fue a vivir con su hermano Vicente María pues, hasta que se casara, vivía solo e iba todos los días al taller. Allí conoció un mundo nuevo de herramientas, cinceles, formones, gubias, vaciadores, mazos de madera etc. Le enseñaron lo más sencillo: lijar,ahuecar, cepillar, y poco a poco se fue metiendo en ese mundo que sus tíos habían creado. Compartía los ratos libres estudiando y visitando el lugar de trabajo de su hermano.

Sorprendido se quedó al ver el inmenso edificio gris, con un enorme jardín, rodeado por una valla de hierro que hacía imposible introducirse en él, sin antes haber pasado por delante de los dos soldados que estaban de guardia. Al entrar al edificio lo que más le sorprendió fueron los alargados pasillos que allí se encontraban.

—¿Quién son los personajes de estos cuadros?—preguntó.

—Son todos generales, militares, y algún político; aquí solo veras esta clase de cuadros, no son como los del taller ¡eh!—bromeó Vicente.

—¡Mira! Aquel señor que viene es el padre de mí novia: ahora te lo presento. Buenos días, don Hilario, le presento a mí hermano Emilio, que estará unos días conmigo.

Emilio lo miró, levantando la cabeza y le dio la mano. Medía casi dos metros, uniformado de los píes a la cabeza, con cara de pocos amigos y un refinado bigote en el cual se le vislumbraban unas pequeñas canas. Vio que era teniente de la Guardia Civil.

Tras saludarse, Vicente María le indicó que estaba ayudando a su tío en el taller.

—Venid esta noche a cenar y que conozca a tu futura esposa. Ya falta poco para la boda. Por cierto, siento lo de tu tío: ha sido una gran pérdida.

Mientras Emilio seguía callado, Vicente le dijo.

—¿Pero lo sabrá su mujer? A ver si molestamos…

—Ellas están para lo que nosotros digamos. Os espero esta noche sobre las nueve.

Se despidieron con un fuerte apretón de manos que a Emilio le cortó por momentos el flujo sanguíneo. Fueron hasta el despacho donde trabajaba su hermano.

—Menudo suegro te ha tocado. La hija no será igual: si no, vas a tener que tener más paciencia que el santo Job.

—La hija es un sol: ya la conocerás esta noche. Y en cuanto a él, no hagas caso: perro ladrador poco mordedor. Aquí es una cosa y un su casa es otra.

Una vez le mostró el lugar donde desempeñaba su tarea, le acompañó a la salida y se fue hacia el taller.

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Después de un fatigoso día, Emilio le explicó a su tío que había quedado con su hermano para ir a cenar a casa de su futuro suegro, y así conocer a la que tendría que ser su cuñada, por lo que le pidió salir un poco antes. Emilio fue a esperar a su hermano al finalizar su jornada y juntos se fueron a adecentarse y quitarse toda la viruta y polvo que llevaban encima.

Aunque vio a su hermano tranquilo, cierta inquietud recorría todo su cuerpo. ¿Cómo sería su futura cuñada? ¿Seria tan guapa como decía su hermano? ¿Será verdad que el teniente no sería tan recto? 

—¿Cómo se llama tu novia?

—Filomena,—concluyó Vicente María.

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Llegaron al cuartel de la Guardia Civil. En su interior se encontraba la vivienda de su novia. Antes de poder llamar a la puerta, ésta se abrió: era el teniente quien les dio la bienvenida. Ya no llevaba el uniforme. Rápidamente vio a una joven a la que le presentaron.

—Emilio, esta señorita es Filomena, mi prometida. Filomena, éste es mi hermano Emilio: es maestro, pero ahora está ayudando a mi tío.

Se quedó boquiabierto. Era verdad: su hermano tenia razón. Era guapísima, con una melena que le llegaba hasta la cintura. Se le acercó, dándole un beso a la mejilla.

—Me alegro de conocerte, Emilio; tu hermano ya me había hablado de ti.

—Lo mismo digo: el placer es mio—respondió, a la vez que se preguntaba cómo había salido esa belleza de ese hombre tan rudo.

Las dudas se le fueron cuando apareció su mujer. Aunque mayor, aun tenia unas facciones en el rostro de una belleza sorprendente.

—Yo soy Vicenta,—dijo a la vez que le ofreció la mejilla—la responsable de que la cena salga buena.

—Seguro que saldrá buena—dijo Hilario—Y ahora, a cenar.

Hilario tenía razón: la cena estaba exquisita. Su hermano y el teniente hablaban del Ejército y de la Guardia Civil. Era una conversación que no le disgustaba del todo, ya que creía que esa vida le podía gustar.

—¿Has pensado en meterte en el ejército, Emilio?— preguntó Hilario.—Tienes buena planta. Encima eres maestro. Pronto te tocará hacer el servicio militar: allí podrás ascender pronto. Tu hermano y yo te echaríamos una mano: para algo sirven las influencias.

—Hablad de otra cosa, padre—dijo Filomena—Falta poco para la boda.

—¿Cuando os casáis?—preguntó Emilio.

—El 18 de abril—respondió Vicenta.—Aunque falta poco, a esta pareja se le hará eterno: ya tienen ganas de volar.

Acabada la cena, Emilio vio que eran un matrimonio normal, como le dijo su hermano. El teniente en su casa no era el mismo, y su esposa y la hija eran dos personas encantadoras. Haría buenas migas con su cuñada, pensó. Una vez realizadas las pertinentes despedidas, los dos se fueron a descansar, ya que al día siguiente tenían que trabajar. Pensaba que pronto vería a sus padres ya que vendrían a la boda. Hacía solamente un mes que se habían separado y ya los echaba de menos.

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Su estancia en Valencia le sirvió para adquirir más cultura. Leía todo lo que le caía en sus manos. A veces compraba periódicos que solían salir una vez, ya que los incautaban, sobre todo los que tenían una tendencia republicana. Vio que un movimiento sindicalista estaba tomando fuerza después de siete meses de su creación: era la Unión General de Trabajadores, nombre elegido a propuesta de Pablo Iglesias Posse y siendo su presidente un compañero de este llamado Antonio García Quejido.

Se interesaba también por las noticias del exterior. Seguía con pasión una obra gigantesca que hacía varios años habían empezado a construir en París, y la querían inaugurar este mes, ya que para el 31 de marzo celebraban la exposición universal para conmemorar el cien aniversario de la Revolución Francesa: pensó como se debería sentir su creador, Eiffel, cuando al año siguiente destruyeran su obra, siendo el monumento más alto del mundo. Veía también como avanzaba el progreso: cada vez era más frecuente leer en los periódicos como crecían los trenes a vapor. Por aquel entonces inauguraban uno que iba de Castellón a Onda. Se interesaba también por las colonias españolas, sobre todo por Cuba, que tanto prestigio le daba a España en lo económico, ya que la Habana tenia mucho movimiento comercial: por eso España la defendió con tanto interés, en la guerra de los diez años, y después en la llamada guerra chica que hacía escasamente nueve años que había concluido. Su hermano conocía a varios militares que participaron en ella. ¿Cómo sería la vida en esos lugares?¿Por qué varios presidentes de los Estados Unidos la quisieron comprar? ¿Tan valiosa era? También le llamaba la atención un artilugio que estaban probando con cuatro ruedas y con un motor de gasolina en Barcelona: había algo parecido que iba a vapor, pero no lo vieron como algo revolucionario. De hecho, la gente no mostraba interés.

La noche pasó como un suspiro. Pronto se tuvo que levantar para ir al taller: empezaba a ilusionarse con la boda de su hermano. Pero, su tío y sus padres ¿cómo estarían para la boda, si apenas hacía dos meses que falleció Modesto?

Después de la jornada laboral, se fue a ver a su hermano al trabajo. Había estado pensando todo el día que le gustaría hablar con algún militar que hubiera participado en la guerra de Cuba. Más que por lo militar, la curiosidad era por saber cómo era la vida en esa lejana isla así que cuando vio a Vicente se lo comentó, negándose éste a complacerle.

—¡Eso ni se te ocurra! No es de buen gusto hacerles recordar lo que allí pasaron. Ten en cuenta que muchos perdieron allí algunos de sus amigos y familiares, otros vinieron heridos: al final, de una guerra lejos de aquí no se saca nada bueno. Ahora mismo que estamos en paz siempre hay escaramuzas y, tarde o temprano, se levantarán hasta que lo consigan. Ten en cuenta que ahora nuestro rey solo tiene tres años y no gobierna, así que es un momento delicado, y basta ya: como militar no debía hablarte así, pero es lo que siento.

—Lo siento, solo era curiosidad; no lo volveré a mencionar. Tendrás ganas de que llegue la boda. Yo sí que la tengo: así veré a los padres y hermanos, porque vendrán todos, ¿verdad?

—Espero que sí—respondió,—y sí, sí que tengo ganas de formar un hogar. La vida de soltero no es lo mio.

Los días pasaban rápidos ya que, después del taller, ayudaba a su hermano a acondicionar una vieja casa que habían comprado para formar su hogar: ese día le traían una moderna cocina de petroleo. Le picaba la curiosidad, ya que sus padres cocinaban con serrín. Le ayudaba a pintar con cal la casa hasta que por fin llegó el día.

Emilio se acercó a la estación a esperar a sus familiares, y se llevó una agradable sorpresa ya que vio a su hermano Enrique, el cual hacía varios días que había acabado el servicio militar. Contaba con veinticuatro años y venía de África. También vio a su hermana y sobrinas y a su hermano Miguel y, cómo no, a sus padres. Llegaron el día antes de la boda para ayudar a preparar lo que faltara, quedándose a dormir en casa de Damián y en la de Vicente.

Se levantó al día siguiente con una alegría contenida, ya que el recuerdo de Modesto aun sobrevolaba sus pensamientos. Pero, como dijo Enrique, la vida sigue y hoy era un día especial para su hermano mayor. Acercándose la hora de la ceremonia se fueron hacia la catedral, y vio allí la cantidad de militares vestidos con el traje de paseo, colgando de sus pechos las medallas que cada uno poseía. Aunque su mirada pronto se fijó en su hermano y en la que pronto sería su cuñada. Estaba radiante, destacaba entre tanto traje militar. Su hermano también destacaba con su traje de gala y con unas hombreras hechas a medida para la ocasión. Después de una larga ceremonia y de una modesta comida, se fueron despidiendo del recién estrenado matrimonio, hasta que solo quedaron los familiares mas cercanos.

—¿Que harás ahora, Emilio?—preguntó su madre.

—Voy a seguir aquí en Valencia, que el curso no acaba hasta junio. Me estoy preparando para cuando salga la plaza en Albaida.

—¿No le molestará a tu hermano que sigas viviendo con él?

—Está todo hablado, madre. Me voy con el tío Damián y la tía María, que el casado casa quiere, y aunque el tío este casado no es lo mismo.

—Hemos hablado poco, hermano—dirigiéndose a Enrique.—Ya me contarás cómo te ha ido el servicio militar, que a mí pronto me llamarán.

Sin más conversaciones los acompañó a la estación, no sin antes fijarse cómo habían envejecido sus padres en tan solo dos meses. Pensó que les había afectado mucho el fallecimiento de Modesto. Los abrazó, con más cariño que nunca, y sin apartar la mirada vio como se alejaban.

José Mª Pastor

 

La UJI – Mayores

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Cuando a la UJI – Mayores
llegas por primera vez
empiezas con timidez
y acabas de mil amores.
Unos cuantos profesores
con años de trayectoria.
Asistencia obligatoria:
no te puedes escapar,
porque tienes que firmar
y al final ¡qué gran victoria!
                                            Luisa Almendros

Poesía de la infancia

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Las golondrinas de Becquer,
sus nidos en el balcón,
y los campos de Machado
que iban en su corazón.
Los diez cañones por banda,
el soneto de Violante
y las coplas de Manrique
a la muerte de su padre.
Tantos y tantos poemas
guardamos en la memoria;
son recuerdos de la infancia
y han formado nuestra historia.
                                    Luisa Almendros