Que os den

Este es un artículo de mierda donde no se van a esgrimir datos macroeconómicos, conquistas sociales o posicionamientos frente a conflictos bélicos. No va de eso. Hay muchos profesionales en estos campos que realizan muy bien su trabajo. No es mi palo. Tampoco va a desvelar nada nuevo o sobre lo que no se haya escrito. No soy tan bueno.

Lo cierto es que me viene muy cuesta arriba buscar tema, entrelazar párrafos y narrar con cierta sobriedad lo que acontece cuando la guerra cotiza en las apuestas online. Aunque cueste creerlo, hay gente que está apostando sobre la crueldad, el dolor y la muerte. La web más grande de Estados Unidos se llama Situation room, un lugar diseñado y tematizado para apostar por cualquier conflicto: Ucrania, Gaza o Irán. Este es el nivel. 

Esta misma web le ha costado amenazas de muerte al periodista Emanuel Fabian de The Times of Israel tras publicar una noticia de un misil iraní impactando en suelo israelí. Los jugadores habían apostado 14 millones de dólares a que no impactaría. Enmanuel Fabian tras la publicación empezó a recibir correos anónimos para que rectificase la noticia: “Si no corriges esto antes de la 1:00, te estarás poniendo a ti mismo en un peligro que no imaginas”, rezaba uno de los mensajes.

Sobrepasado el medio cuerpo del artículo y con una cuesta que más bien parece un puerto de primera categoría, uno tiende a pensar o piensa en la hemorragia geopolítica y cerebral del puto Washington, que, tras construir alianzas durante más de ocho décadas con medio mundo, un especialista en voladuras descontroladas ha hecho saltar por los aires un orden internacional que les beneficiaba.

Mentía tal vez la intro. O no. En cualquier caso: que os den.

Pako Martí

Original publicado en InfoLibre (25/3)

¡Ay!

Estoy muy agotado, me cuesta respirar y siento que mi corazón late más rápido para absorber más oxígeno, pero algo va mal y no sé qué es. Mis piernas no me sostienen, tengo los oídos vibrando muy rápido, el cuerpo temblando y una sensación extrema de pánico que me recorre las entrañas. Y yo nunca había tenido miedo,: más bien podría decir que soy muy valiente. ¿Qué está ocurriendo aquí? Algo me está sucediendo. No comprendo muy bien qué es, ni por qué me está ocurriendo esto.

No tengo noción del tiempo; estoy viendo imágenes de mis pensamientos de años atrás, cuando era pequeño. En ellas aparecen mis padres, mi lugar de nacimiento, donde el sol lo iluminaba todo, los cuidados y la paciencia de mi madre, y mis amigos y yo sintiendo el viento en la cara y disfrutando todos juntos, como si supiéramos que algún día ya no podríamos hacerlo.
Éramos jóvenes, fuertes y libres. Jugábamos a escondernos, a correr, a chocar, a demostrar quién era el más atrevido, vital, audaz, entero o con más agallas en nuestras aventuras. Oh… se me dibuja una tenue sonrisa en la cara. La vida era sencilla, pero hermosa.

Pero un día todo cambió. Llegaron varias personas a mi casa y el semblante de mis padres mostró preocupación y desencanto. Como consecuencia, me separaron de mi familia y de mis amigos. Estas personas, a las que había visto alguna vez mientras jugaba con mis amigos en el jardín, me llevaron a un lugar lejano y aislado, muy diferente al mío. Mi educación también cambió drásticamente: me obligaban a aprender actividades que nunca antes había hecho y a las que me negué en repetidas ocasiones. Mi carácter cambió muy a mi pesar. Su metodología y sus estrategias de liderazgo eran muy eficaces, pero también crueles, casi inhumanas. Por más que me preguntaba una y otra vez por qué, no lo entendía, y ahora me doy cuenta de que jamás lo comprenderé. Me estaban preparando y doblegando para hacer cosas que no formaban parte de mí.

Sin embargo, en este momento, mientras estoy tumbado en el suelo herido, recuerdo el olor a hierba fresca, el sabor del agua limpia y clara del río, el calor de los rayos del sol que me abrigaban, la música de los grillos y la frescura de las noches de verano. Todo eso se acabó; ahora solo siento mucho dolor, miedo y confusión. La espada del matador… Un instante de dolor y mi último pensamiento es de libertad y sin temores de ningún tipo. Y entonces caigo, la arena se tiñe de rojo, mis párpados pesan, se cierran mis ojos. Murió solo y en la gloria, según pensaban todos los que presenciaron este triste acto.

Sí: soy un toro de lidia.

Mi cuerpo queda en la arena y mi espíritu se esfuma. Mi nombre es… era… ya no lo sé. Solo soy un recuerdo, un susurro en la suave brisa y una mirada que expresó mi desgarrador dolor a quienes supieron observar la tristeza de mis ojos con el corazón en la mano y comprendieron el sufrimiento al que estuve sometido durante mucho tiempo de mi corta vida. Sentí dolor, sentí miedo, sentí tristeza.

Desde mi punto de vista y según las investigaciones científicas, no hay una raza de toros de lidia, sino que los ganaderos nos seleccionan porque nos diferenciamos de otros bovinos solo por ser más activos y reaccionar con mayor rapidez cuando nos sentimos agredidos. Se nos estimula y adiestra en soledad para que seamos «máquinas de embestir», pero somos mamíferos vertebrados a los que nos gusta vivir en grupos, como a vosotros, las personas. Tenemos un sistema nervioso y una estructura cerebral similares a los vuestros, que nos permiten experimentar miedo, dolor, estrés y angustia desde el transporte y el aislamiento hasta la salida al ruedo. Durante la lidia, los veterinarios, con mucha experiencia y conocimiento de nuestra fisiología, han informado de que los toros sufrimos un agotamiento metabólico y muscular grave y un aumento de las hormonas del estrés como mecanismo de defensa ante un daño grave.

Esperamos que las próximas generaciones puedan continuar investigando e influir en la toma de decisiones de la sociedad para que estas actividades taurinas tan crueles no se repitan nunca más. Los toros lidiados sufrimos una de las mayores torturas a las que pueden ser sometidos los animales. Además, es necesario educar al público y a los profesionales sobre el bienestar de los toros y la importancia de tratar a todos los animales con respeto y compasión.

Silvia Kloster

Pantalles que ens apropen… i ens separen

Un món connectat, però no sempre comunicat
Els telèfons mòbils s’han convertit en una presència constant en la vida quotidiana, especialment entre els adolescents. A Espanya, la majoria de joves adquireixen el seu primer dispositiu a una edat molt primerenca, i això ha generat un debat creixent sobre els efectes socials, emocionals i educatius que pot comportar. Analitzar els seus avantatges i riscos és essencial per a entendre l’impacte real que tenen en la societat actual.

Quan la tecnologia juga a favor
Els mòbils ofereixen múltiples beneficis innegables. Permeten una comunicació immediata amb amics i familiars, reforçant la sensació de seguretat i proximitat. També són una eina educativa cada vegada més present: faciliten l’accés a informació, aplicacions d’estudi i materials audiovisuals que complementen l’aprenentatge. A més, desenvolupen habilitats digitals imprescindibles per al futur professional dels joves. En moments d’oci, el mòbil pot resultar un recurs d’entreteniment saludable, sempre que es faça servir de manera equilibrada.

Quan la pantalla es converteix en mur
Tot i els seus avantatges, l’ús abusiu del mòbil comporta problemes creixents. Molts adolescents experimenten aïllament social, fins i tot quan estan físicament envoltats d’amics. És habitual veure grups en bars o places sense interacció real, cadascun immers en la seua pantalla. Aquest hàbit dificulta la comunicació espontània i afebleix les relacions personals. Les xarxes socials poden generar pressió, comparacions i inseguretats, a més de facilitar situacions de ciberassetjament. Aquesta dependència no és exclusiva del jovent: nombrosos adults també mostren dificultats per desconnectar i sovint no ixen de casa sense el mòbil, cosa que evidencia un canvi profund en les dinàmiques de relació.

Un equilibri difícil, però necessari
Avaluant els punts positius i negatius, es pot afirmar que el mòbil és una eina amb un enorme potencial, però que pot propiciar soledat, dependència i desconnexió emocional si no es controla adequadament. Els seus avantatges educatius i comunicatius són importants, però sovint es veuen reduïts per un ús excessiu que substitueix les converses reals i la convivència. La clau recau en establir límits clars, promoure un ús conscient i oferir una educació digital que ajude a enfrontar-se a la tecnologia amb criteri.

Mirar més enllà de la pantalla
El futur exigeix integrar la tecnologia dins d’un marc equilibrat, on el mòbil siga un suport i no un obstacle per a les relacions humanes. Una societat que utilitza els dispositius amb mesura aconsegueix mantenir els seus beneficis sense renunciar a la comunicació directa, l’empatia i el contacte personal. En definitiva, es tracta de fer de la tecnologia una aliada, i no un substitut, de les connexions que de veritat importen.

Josep Agustí Mut

Las matemáticas de la confrontación

En un condado de EE. UU., una profesora de primaria es despedida por indicar a un alumno de primer curso que el resultado de una suma no es correcto: 2 + 2 = 4. Según el alumno, 2 + 2 son 22. Ello genera una respuesta airada de los progenitores del niño, que, tras increpar violentamente a la profesora, inician una revuelta hasta conseguir su despido. Se utilizan argumentos contra la profesora que rayan el absurdo, dando por supuesto que ha de favorecerse el crecimiento positivo del alumno por encima del razonamiento lógico, lo cual es falso.

¿Qué puede pasar en una sociedad cuando se da por supuesto que un niño en edad de aprender las cosas más cotidianas puede tener más razón que una profesora? Que sus padres consideren que el niño tiene más razón que la profesora. Es una aberración considerar que no se puede contradecir a un menor. Pero, en la actualidad, se están produciendo hechos similares que, aunque nos parezcan disparatados y, a veces, cómicos, están sucediendo.

Es del todo poco creíble que el mundo del colegio en el que enseña la docente entre en la rueda de considerar estos hechos significativos, dándoles una importancia que nunca debieron tener. Pero, más allá de las razones expuestas por la profesora en defensa del sistema de enseñanza establecido y las razones en contra de la comunidad educativa, que da más valor a lo emocional, merece la pena destacar el final de los hechos. Si el niño tiene razón, la sociedad debe aceptarlo hasta el final: 2000 + 2000 = no son 4000. ¡Son 22 000!

Mª Reyes Cordero

La drogadicción

La sociedad en la que vivimos ha experimentado cambios muy significativos a lo largo del tiempo. La tecnología ha transformado la manera en que nos comunicamos, trabajamos y vivimos. Hay una mayor conciencia social sobre la importancia de la justicia, la igualdad de género y la protección del medio ambiente. La educación es más accesible, lo que permite a las personas mejorar su calidad de vida. Sin embargo, también hay graves problemas que afectan a muchas personas, y uno de ellos es la adicción a las drogas. Diversas investigaciones sociales han comprobado que el consumo de drogas ha aumentado en los últimos 30 años y han puesto de manifiesto las consecuencias perjudiciales que tiene para la salud.

La drogadicción es un trastorno crónico y recurrente que se caracteriza por la búsqueda y el consumo compulsivos de drogas, a pesar de los efectos nocivos para la persona que la consume y para su entorno familiar, social y laboral. La adicción a las drogas se considera una enfermedad porque perturba el funcionamiento normal y sano del cerebro. Es prevenible y tratable, pero, si no se recibe tratamiento, puede durar toda la vida y provocar la muerte.

Las personas consumen drogas para tener sensaciones de poder, autoconfianza y más energía, para sentirse menos ansiosas, para mejorar la concentración en el trabajo o en la práctica deportiva, por curiosidad o por presión social. Al principio, piensan que son capaces de controlar el consumo, pero con el tiempo, las actividades que parecían haber mejorado ya no lo hacen y necesitan consumir más cantidad o con mayor frecuencia para sentirse bien, como al principio. Esta disminución del autocontrol es la característica distintiva de la adicción.

La continuidad en el consumo altera zonas importantes del cerebro necesarias para las funciones vitales del organismo e impulsa un consumo aún más compulsivo, que genera hiperactividad, inestabilidad emocional, distorsión de la realidad y euforia. El caos y el descontrol se apoderan de la persona, que necesita repetir una y otra vez el consumo de la droga, lo que provoca una disminución de la sensibilidad y hace que le resulte muy difícil sentirse bien con algo que no sea su droga. Por ello, hará todo lo posible para conseguirla, lo que provocará consecuencias nefastas y muy dolorosas en sus relaciones familiares.

Así es como emerge la adicción, como un monstruo con muchas cabezas que lo trastoca todo y lo convierte en caos, tristeza, inseguridad y desconfianza, minando lo poco que puede quedar de las relaciones familiares. Este monstruo que se ha apoderado del cerebro de la persona le impide pensar, planificar, resolver problemas o tomar decisiones, y ha alterado muchas de las funciones indispensables para vivir, como la frecuencia cardíaca, la respiración y el sueño, por lo que todo el organismo se debilita y aumenta el riesgo de morir a corto plazo.

En conclusión, la adicción a las drogas, al igual que cualquier enfermedad crónica, es un trastorno tratable. El tratamiento de los trastornos causados por el consumo continuado de drogas ayuda a las personas a dejar de consumirlas y a retomar poco a poco una vida más saludable. Es posible manejar la adicción de forma satisfactoria con la ayuda de médicos, psicólogos, instituciones especializadas en modificar conductas y, por supuesto, con la familia. Sin embargo, esto no constituye una cura, sino que permite que mejoren las funciones vitales del cerebro que no se han visto dañadas de forma definitiva, tras un largo proceso de recuperación para no volver a consumir. Además, como parte del proceso de recuperación, es posible tener una recaída que, en el caso de algunas drogas, puede ser peligrosa e incluso provocar la muerte.

Quiero hacer hincapié en la necesidad de alertar a la sociedad sobre la importancia de la prevención, la información y la educación de las familias, las escuelas y las comunidades sobre los distintos tipos de drogas y sus efectos perjudiciales para la salud física y psicológica, ya que, cuando se percibe el abuso de drogas como algo perjudicial, por lo general se reduce el nivel de consumo. Ojalá algún día pudiera creer en la utopía de una sociedad sin abusos. ¿Sería posible con la biotecnología moderna o la mente del ser humano todavía ha de evolucionar?

Silvia Kloster

Madres al límite

El consumo de drogas ha existido en todas las épocas, civilizaciones, culturas y religiones. En la antigua Roma, China y Egipto se usaba el opio y el cannabis; los chamanes de Siberia, el hongo «Amanita muscaria»; los curanderos del Perú y las tribus de la Amazonia, la ayahuasca; en México, el peyote; los rastafaris del Caribe, la marihuana, etc. Todos ellos la usaban bien para usos medicinales, bien para ritos religiosos. En los años 60 y 70 aparecieron nuevas drogas asociadas a la cultura hippie, como el LSD, la marihuana y el hachís, que se usaban para abrir la mente o simplemente por diversión.

En España, la heroína adquirió carácter epidémico a partir de 1975. Numerosos casos de sobredosis mortales, infecciones por VIH y alteraciones del orden público crearon una enorme alarma social. En la década de los 90 apareció la cocaína, que se asoció con las drogas de síntesis, la diversión, el turismo y el sexo.

Para comprender los cambios físicos y psíquicos que estas sustancias generan en quienes las consumen, es necesario saber cómo actúan las drogas a nivel neuronal. En las zonas de contacto entre neuronas, llamadas «sinapsis», se liberan sustancias específicas, los neurotransmisores (dopamina, oxitocina, serotonina, etc.), que al unirse a la siguiente neurona la excitan o la inhiben. Las drogas alteran esta función, provocando una sobredosis de dopamina diez veces mayor que la producida por una recompensa natural. El cerebro tiene memoria y asocia esta sustancia adictiva, por lo que se necesita cada vez una dosis mayor para conseguir el mismo efecto.

Aparecen pérdidas de memoria, ansiedad, falta de apetito, pánico, manías, euforia, depresión, palidez, insomnio, temblores, actitud hostil, midriasis o miosis, y descuido del aseo personal. Cuando aparece el síndrome de abstinencia, se vuelven agresivos, manipuladores, minimizan y justifican sus actos, y arrasan con todo lo que pueda proporcionarles su «dosis». Es entonces cuando su entorno familiar, social y laboral se ve afectado.

Después de ver el cortometraje «Esprés» y analizar la reacción de esa madre, podemos comprenderla. Hay madres que desean la muerte de su hijo para que la pesadilla termine. Su cabeza es como una olla a presión que no pueden controlar y que acaba explotando.

Yo habría hecho lo mismo.

Lola Reyes Toledo

El país de les mitges tintes que encara no pintem

Cada matí obrim l’armari decidits a triar “el color perfecte”, però ja sabem com acaba: agafem el primer que trobem i confiem que combine. Tenim tota una paleta a l’abast, però vivim obsessionats amb el blanc i el negre. Les mitges tintes ens fan mandra. Les coses simples ens agraden més i a més a més, de colors i moda en sabem ben poc.

Quan parlem de l’escola dels anys setanta, el record té el color d’un camp cremat: un negre espés, dens, que omplia totes les aules. L’autoritat era tan absoluta que ni les mosques s’atrevien a volar, i la disciplina es mantenia a base de por més que de pedagogia. Aquell model, per sort, el vam deixar enrere, però no sense traumes.

En la fugida d’aquell negre, vam decidir pintar-ho tot de blanc. Un blanc tan lluminós que quasi encegava: tot s’havia de dialogar, tot s’havia de negociar, tot s’havia de fer amb suavitat. El professorat avançava amb més cautela que un funambulista, i moltes famílies, aclaparades entre teories i pantalles, van caure en la idea que l’escola havia d’assumir també allò que no sempre els corresponia. Bonisme per un costat, saturació per l’altre.

I, mentrestant, a Castelló ha anat passant una cosa subtil, però significativa: quan era menut, tot —banc, metge, botigues— funcionava amb normalitat en valencià. Era tan natural com respirar. Prova ara de passar un dia sense canviar al castellà: enviar correus, fer una gestió, telefonar a qualsevol servei… En minuts xoques amb la realitat. No cal cap estudi sociolingüístic; només cal eixir al carrer i veure que la llengua, que abans era un color viu del paisatge, ara sovint ha de lluitar per no quedar-se en un to apagat.

El problema és que, en l’educació continuem atrapats i sense rumb. Des de la democràcia, Espanya ha tingut 8 lleis educatives orgàniques diferents. Islàndia, en canvi, des que es van aprovar (2006–2008) la llei “és bàsicament la mateixa fa dues o tres dècades”. I així continuem caminant: sense mesura. Un límit ben posat, una explicació clara, una exigència amb afecte. Un mosaic de colors, com un camp de roselles: unes més rectes, altres més inclinades, totes necessitant sol i ombra per créixer.

I parlant de colors, confessaré una sorpresa recent: entrar en una universitat pública valenciana, amb el cel blau i la terra roja que quasi et saluden en valencià, i descobrir que totes les classes són en castellà. Totes. No és cap tragèdia, però sí una paradoxa amable: el lloc que hauria de ser refugi natural de la llengua apareix pintat d’un únic color. El valencià hi és, però sovint es queda observant des de la branca, com un ocell que sap volar, però prefereix no cridar l’atenció (diuen que som uns se me’n fot).

Haurem d’adoptar la visió anònima del carrer, des del poble, com deia el Gran Estellès:
“No soc ningú i soc un entre tants,
com he contat i ho torne a reiterar”.

Agustí Mut

La pena

—La película es muy buena —dijo Carlos.

Todos los presentes (esa jauría de chicos y chicas, y algún que otro maduro) no se inmutaron.

Carlos está sentado en un lateral del escenario esperando a que todos tomen asiento. Las sillas son viejas y destartaladas. Estamos en el salón de actos de las escuelas viejas. El crítico de cine ha venido a este pueblo a hablar de la última película proyectada: Los Emigrantes. Es un film de 1971, dirigidoñ por Jan Troell y protagonizado por Max von Sydow y Liv Ullman. La película refleja el problema de la mayoría de los pueblos pequeños, un tema que no ha pasado de moda.

Por fin, la gente se sienta y se calla. Carlos se pone las gafas de ver de cerca y empieza su intervención. El público asiente con la cabeza a sus afirmaciones; el conferenciante es una persona amena y dicharachera, que sabe ganarse al público con sus palabras.

El acto transcurre con normalidad hasta que Javier entra gritando:

-«¡Auxilio!, ¿Venid, por favor!».

Han encontrado muerto a Sebas (el vecino juerguista Sebastián), que al parecer se habría quitado la vida.

Su hijo, José Luis, llevaba un mes emigrado a la ciudad.

José Manuel Más Pitarch

Exposición sobre la tauromaquia

Tenemos constancia de la práctica de la tauromaquia desde la Edad de Bronce, cuando se lidiaban toros en el campo. Los griegos y los romanos también la practicaban en los coliseos. En España, las corridas de toros tal y como las conocemos hoy en día empezaron en el siglo XVIII. En el resto del mundo, sobre todo en Sudamérica, también se practica. Sin embargo, en otros países como Francia ya se han abolido. En nuestro país, solo en Cataluña las han prohibido.

¿Qué es la tauromaquia? ¿Lidiar un toro? ¿Un arte? ¿Una cultura? ¿Algo más complejo, como una tradición o simplemente un espectáculo? Para muchas personas es una religión, y para otras, un horror.

A las cinco de la tarde, miles de personas se reúnen en una plaza de toros, pero si pudiéramos trasladarnos en el tiempo más de dos mil años atrás, lo llamaríamos coliseo, porque en este tema no hemos avanzado nada, o más bien, hemos avanzado muy poco. No creo (quiero pensar) que las personas que se reúnen allí sean conscientes de lo que sucede esa tarde. El vino y la fiesta brillan en su esplendor. Es una tarde de festejo. ¿Nos planteamos que nos vamos a divertir a costa del sufrimiento y la tortura? ¿Tenemos derecho? ¿Es ético matar para divertirse? Este es un comportamiento habitual en el ser humano, pero no en el resto de animales, que solo matan para comer o para defenderse.

Los animales tienen sentimientos y piensan. ¿Por qué somos tan básicos y creemos que somos únicos? Pensamos que el universo es nuestro y solo nuestro. Utilizamos todos los recursos que nos da el planeta a nuestra conveniencia, aunque ello nos lleve a destruirlo para nuestros fines. La especie humana es cruel; hacemos del dolor y la muerte una fiesta.

Vivimos en el siglo XXI, una época en la que, en cincuenta años, hemos logrado importantes avances, pero seguimos conservando tradiciones ancestrales que ya no tienen cabida en nuestra sociedad. Debemos avanzar y dar un paso adelante prohibiendo las corridas de toros, los bous al carrer y todo lo que conlleve maltrato animal.

La mal llamada «fiesta nacional» cada vez se identifica más con una minoría de «aficionados». Somos un país que reconoce los derechos de los animales domésticos y les da su lugar. ¿Por qué no hacemos lo mismo con los toros? ¡Ah, claro! Ahí está el dinero y la fiesta de por medio, y en este país la fiesta es sagrada, caiga quien caiga, y si hay que matar, se mata por el bien de la diversión.

Lola G.

Opinión sobre el cortometraje «Exprés»

Se dice que la realidad supera a la ficción. ¿O es al contrario? Ahora mismo no lo sé. Este dilema surgió en mi cabeza cuando vi el corto Exprés, de Daniel Sánchez Arévalo.

El problema de la adicción a las drogas ha llevado a muchas personas al hospital, a la cárcel, al manicomio y al cementerio, tanto entre los propios adictos como entre quienes conviven o se topan con ellos en la vida. No conozco cifras, números ni estadísticas sobre este tema, y no quiero involucrarlas aquí. Expertos conocidos me han dicho que pocos regresan del infierno. Los que lo logran son bienaventurados. Los que no, la mayoría, no sólo se condenan a sí mismos, sino que arrastran a sus familias, amigos y vecinos a un infierno de ira, impotencia, culpa, odio, depresión, repugnancia, desprecio, vergüenza, etc.

El cortometraje muestra una situación extrema: una hija drogadicta sin remedio que hace lo que sea para obtener dinero para su vicio, y una madre pusilánime que no hace nada, no sabe hacer nada y no intenta aprender cómo manejar la situación. Por eso, aunque la conclusión es inesperada, resulta verosímil. La progenitora aprovecha una oportunidad para deshacerse de todo. Obviamente, no podrá eludir su responsabilidad legal en el filicidio. Como esa pequeña familia, formada por una madre y una hija, hay muchas que tampoco han solucionado la existencia de adictos en su seno. Unos se vuelven víctimas y otros victimarios. Es una cadena sin fin. En la realidad, muchas familias de drogadictos se enfrentan a la impotencia de ver cómo sus hijos se hunden en un abismo sin fondo; algunas no lo reconocen y se convierten en cómplices silenciosos de su vicio.

El cortometraje transmite un mensaje contundente sobre el tema tratado. Y el tema es la responsabilidad social en relación con las drogas. Las familias necesitan el apoyo de la sociedad y del Estado. Al igual que ocurre con muchos otros temas, se deben promover, a través de las artes y los medios de comunicación, mejoras en los instrumentos de prevención y tratamiento de la drogadicción.

La realidad casi siempre supera a la ficción.

Héctor José Gallego