
¿Son realmente necesarios los impuestos?
Es cierto que en España pagamos cantidades importantes. Pensemos, por ejemplo, en el 21 % de IVA de nuestras facturas o en el temido «impuesto de sucesiones» cuando alguien fallece. El hecho de pagar tanto dinero ha contribuido a que muchos jóvenes estén actualmente en contra de los impuestos. Su argumento sería más o menos el siguiente: «Yo cobro mi sueldo, yo administro mi dinero y, cuando necesito algo, pago por ello». Esta argumentación aparentemente no es descabellada, pero requiere una profunda reflexión.
Con la recaudación de impuestos se financian la Sanidad y la Educación para todos. Es obvio que ambas no funcionan a la perfección y requieren una mayor inversión, ya que son pilares fundamentales de cualquier sociedad. Con los sueldos que cobran los jóvenes, si tuvieran que pagar por ellas, no podrían, por lo que habría que recurrir a la financiación bancaria. El caso de Estados Unidos ilustra claramente todo lo anterior. Los ciudadanos pagan por casi todo y, en consecuencia, hay muchísima gente que no tiene acceso a una Sanidad ni a una Educación dignas.
Me parece maravilloso que, cuando alguien va a urgencias, le pregunten: «¿Qué le pasa?». Es lo lógico, ¿verdad? Sin embargo, en Estados Unidos la primera pregunta sería: «¿Cómo va a pagar?». A pesar de tener un seguro médico privado, hay que pagar bastante, según las pruebas médicas, la hospitalización, etc. Hay muchos ciudadanos estadounidenses pagando créditos por haber sido operados o por poder seguir con un tratamiento, y también hay otros casos en los que ni eso ha sido posible. Ya podemos imaginar cuál ha sido el desenlace.
En cuanto a la Educación, dependiendo del estado, la zona de la ciudad, etc., nos encontraremos con mejores o peores centros públicos. El trabajo de los docentes está totalmente devaluado. El nivel de vida es muy alto y los sueldos son muy bajos, por lo que se recurre a contratar a profesores extranjeros, que lo ven como una oportunidad para mejorar su inglés y vivir una bonita experiencia. Se invierte poco en el sistema público para devaluarlo y, así, quien quiere tener una enseñanza de calidad ha de pagarla. Pero yo me pregunto cuánto talento se habrá desperdiciado por el camino.
A la vista de lo expuesto anteriormente, la necesidad de pagar impuestos está, en mi opinión, suficientemente justificada. Podemos discutir sobre la cuantía de los impuestos, pero su razón de ser es clara. Quizás habría que tener en cuenta un par de premisas.
La primera sería el cumplimiento de la pena y la devolución del dinero robado en casos de corrupción. La segunda premisa consistiría en priorizar en qué partidas debe gastarse el dinero recaudado. Eso podría ser fuente de conflicto, por ejemplo, en lo que respecta a toros y fiestas, y ya sería tema de otro artículo.
Silvia Marín Meliá









